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20 jun. 2006

secreto

En la lengua su recuerdo, magenta el brillo en los ojos, atesoro las palabras, unas pocas pronunciadas al oído de alguien, las risas, la sed posterior, las ligas protegiendo las piernas de la brisa otoñal después al regresar a casa.

Viu manent, Carmenere 2005.

18 jun. 2006

disparos ciegos

manos en los bolsillos, el cuello del abrigo levantado, camino por el barrio Lastarria, el malhumor se disipa con el aire nocturno. los teléfonos de los amigos con que había acordado citas no responden; figuro sola, vagando, extrañamente disfruto de esa libertad. toco un timbre. "llegas justo para jugar conmigo", dice la fotógrafa. su nuevo pasatiempo consiste en imitar las fotos de un calendario tomadas por ciegos que pintan con luz los rostros de sus modelos. a oscuras L me ilumina con el destello azul de su celular, con los chispazos del encendedor, y dispara.
me quedo dormida en medio de una peli de Woody Allen, historias cortas referentes al sexo. un señor que en la casa de sus consuegros va al baño y no encuentra nada mejor que disfrazarse de mujer y escapar por la ventana provocando un enredo mayor. o un doctor que atiende a un hombre enamorado de su oveja, debe averiguar la repetina indiferencia del animal para lo que determina llevársela a un hotel, pedir champagne y pasar la mejor noche de su vida. mi sueño podría ser otra escena de la película, pero no lo describiré. al otro día el malhumor vuelve y se va, como los destellos de luz.

Foto: Lolita Durán


17 jun. 2006

stella díaz varín

los poetas no oficiales mueren pobres, sin jubilación ni isapre, pero tienen al menos un lugar en que los velan, con flores de verdad y en el que son homenajeados como se lo merecen (a veces alguno de los asistentes se adueña de sus despojos reconocidos en forma tardía como piedras preciosas, pero ese es caldo de otro guiso). volví a pisar la SECH sólo para despedirla, aunque ella tal vez ni se enterara que la conocí y la ayudé a subir a una tarima en una de las primeras ferias de la cultura. la parte dedicada a la literatura, era eso, una tarima, donde fulano, mengano y zutano podían subirse a leer patrañas. Stella llevaba ese día el taco de su zapato quebrado, pero eso no fue impedimento; lo único que quería era leer, la ayudamos a subir, pese a la oposición de algunos pedrojuanydiego. su voz aguardentosa los enmudeció de inmediato, creo que fue la única poeta que leyó ese día en la feria populista.
acudí a la sociedad de escritores de chile de incógnita, a lo que ayudó mi cabello corto, vi una vez más los rostros de tanto poeta muerto en blanco y negro, la Mistral reinando en el recinto. alguien dijo Stella, estrella, extragaláctica y una sarta de palabras que se dicen en los ritos funestos; una voz más inteligente que las otras -femenina por cierto- dijo que la poeta fue la Mistral oscura, algo así como su reverso. "la vieja murió con las botas puestas", susurró a mi oído una amiga que era su vecina, y a la que solía pedirle de vez en cuando un pucho, "la última vez la vi tomándose un copete en el parque", recordó.
extrañamenta la antigua casona me pareció más viva que en otras ocasiones en que semejaba un mausoleo de las bellas letras. habrá sido por tanta gente leyendo versos de Los dones previsibles, o por las palabras sin tanto bombo ni platillo, sentidas, reales, o por la ausencia de la farándula literaria -que se agradece, aunque por ahí deambulaba algo extraviada A. Costamagna- y la presencia de tanto poeta joven que solía sentarse con Stella a compartir versos, vino y puchos en un banco del parque en la villa Los Jardines, el salón en que los recibía. al salir uno de ellos alcanzó a reconocerme.

12 jun. 2006

retratos


era algo apretado en el cuerpo, un pequeño acto interno de obediencia al rol familiar, el de siempre, aprendido y autoimpuesto, largo, como la convivencia de años y por lo mismo tan difícil de sacárselo de encima.

una foto a la que era preciso cortar pedazos y recomponer para volver a armar el álbum de una forma más libertadora.

6 jun. 2006

mil y una noches

ahora que ya no está para contarme sus historias, disfruto cada noche de mi herencia, un libro de tapas rojas en que los relatos se tejen unos con otros, interminables. entonces en sueños vuelvo a ser la pequeña niña acunada por su voz que solía llevarme hacia un mundo extraordinario. esa voz que aún en el lecho de muerte cantó por última vez ayayayay canta y no llores sólo para darme ánimo.

2 jun. 2006

secundarios

por estos días he debido reprimir la tentación de pasear mi anatomía ajustada en un uniforme escolar -y eso que nunca gusté de tal indumentaria- para correr junto a los estudiantes, ocupar la Alameda, enarbolar pancartas, compartir un pan partido en seis pedazos, corear consignas, exigir un cambio radical y por la noche dormir todos juntos en el suelo de las escuelas tomadas.