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26 oct. 2008

harlem

Caminaba a tomar el subway, pensando qué increíble, qué identidad, qué power que tiene harlem, cuando miré al lado y pude ver a un hombre defecando en plena calle, una mano la tenía lista en el papel de periódico para limpiarse. Eso es Harlem, pensé, pero también la puerta abierta de un depto en domingo, la dueña de casa ha convertido su living en una sala de jazz a la que todos son bienvenidos. O las noches atiborradas en St Nicks pub, tema tras tema, chela tras chela, conversación tras conversación, uno se siente ahí como en su casa, aunque en la realidad no la tengas. Está la chica que vende aretes con el rostro de Obama o de Billie Holliday, y te regala una gran sonrisa de labios dorados aunque no le compres nada. Está el pintor de paisajes de jazz, siempre el mismo escenario con sus amigos parados en él, la barra, un cuadrito por siete dólares para pasar otra noche. Están los desconocidos que te invitan un porro en el patio o te preguntan qué estás escribiendo. Están los músicos que siguen y siguen llegando, gafas oscuros, como si aún estuvieramos en los tiempos de gloria de Harlem.

2 comentarios:

Yarisa Colón dijo...

Holeando...Yo también en la gloria maldita de E.Harlem - alias El Barrio - soy amiga de Tanya. Y siempre me llaman tus textos. Gracias!

nicolececilia dijo...

weee yari por aquí.
me encanta st nicks pub, qué suerte que lo tengas tan cerca. ahora pienso que debimos haber comprado un par de aretes de obama.
jaja.