Follow by Email

31 dic. 2005

amarillo

los calzones que me regaló mamá para que este año no falte nada. el color de las paredes del cuarto en santiago de chile donde termino de ordenar el material escrito en este tiempo. el calor. el té de manzanilla. los taxis de new york, ciudad prestada parecida al Aleph de Borges en la que finalmente nada faltó. la luz derramándose sobre el rostro de los amigos. la flor del cactus que olvidé. el atardecer con Lloret quien recordaba dibujando con lápices de cera su garaje matucana en una mesa del toro. los recuerdos del año que se va. el gorrito del ekeko que en este preciso instante fuma por la familia, por mí, por los lectores que sin saberlo me protegieron en cada sobresalto.

27 dic. 2005

trabajo comunitario

día de lluvia, a las 7.30 am debo presentarme en Battery Park. Ante la ausencia de ropa para la lluvia un funcionario me hace un abrigo de bolsas de basura. Somos tres en el equipo: un africano que al parecer vendía CDs, una chica vestida con ropa de exploradora marca Patagonia, y yo. El cuarto integrante era el encargado del grupo y de 16 jardines en el Bajo Manhattan, un tipo relajado que nos contó cómo conoció a su actual esposa mientras desempeñaba funciones en el parque con vista a Miss Liberty. Por supuesto lo primero que intentó saber fue qué habíamos hecho. La chica con ropa para exploradores adinerados tenía dos días de trabajo obligatorio, por mi parte sólo uno. Ella respondió con evasivas la pregunta de nuestro jefe, quien trató de adivinar ah! tuviste una pelea con el novio. Luego desplazó la vista hacia mí, ¿y tú? Secreto, fue la respuesta. Mmmmm, déjame pensar, algo muy pequeño, tú si peleaste con el novio. ¿Por qué?, inquirí, ¿te llevan detenido por una pelea? Sí, al chico lo condenana a cinco días y a las chicas sólo a uno. No dije ni sí ni no, pero fue la idea con que se quedó el tipo.
La mayor parte del tiempo lo dejamos ir viendo llover desde la camioneta, escena que tenía cierto encanto. Cuando el agua disminuía su intensidad, bajábamos a las diminutas plazoletas para recoger papeles del suelo con unas palos largos que imitan el movimiento de las manos. La exploradora y yo hacíamos un equipo, a veces ella recogía mientras el carrito o la bolsa de basura eran arrastrados por mí. De pronto una ventolera me hizo imaginar que realmente estábamos en la Patagonia. El mal tiempo fue una suerte, de lo contrario deberíamos barrer los puntos verdes en la parte baja de la ciudad, pero no lo hicimos. Las horas de trabajo nos fueron recortadas en dos horas menos. Almorcé unas semillas de girasol robadas en un Delhi chino, lo lamento, pero no tenía un peso. Comí en la casita de uno de los jardines junto a otros funcionarios más pobres que yo, ellos se alimentaban de coca-cola, papas fritas en bolsa, y unos pocos engulleron además un sandwich hecho en casa. Una hora para comer. Después rellenamos el tiempo dando más vueltas en camioneta, viendo a la gente que se les volaban los paraguas negros, algunos pocos rojos, entre los avisos publicitarios y las caras de unos tipos pintadas de azul anunciando una compañía de teatro. Tras limpiar el último jardín, el tipo amable nos dejó en el subway. No te pelees más con el novio, me dijo, ya encontrarás a alguien mejor, lo mereces.

Santo Domingo y José Miguel de la Barra


Los nombres de las esquinas aquí son más largas, menos anónimas, por eso alguien siempre me descubre cuando estoy buscando y te adivino desde lejos tan tranquilo, tan silencioso, tan tú y temo que no me reconozcas tan convulsionada, con tantas impresiones en la piel, con tanto balbuceo que no logra decir lo que aconcho en la mirada en este pelo cortado con torpeza, la misma con que recorro tus barrios para encontrar las señales que dejas, y vuelvo a cruzar mi ruta con la del hombre del carrito creyendo que cierro un gran círculo. Preferiría una cita en nuestro puente al atardecer para sentirte en la brisa del río, en el pretil del puente que me cambia cada vez que lo cruzo, aunque no llegues, maldito, Santiago mío y ajeno, que te me escapas con tu cara nueva de edificios posmodernos, pero eres el mismo. Y yo no.

Todo se escapa de mis manos tal como planié.

22 dic. 2005

pastelería

New.-York
El hombre grande de Serbia llegó días antes de mi partida profiriendo miradas de fuego que lograron ponerme nerviosa. Se fue a acostar solo. Dormí en el sillón porque mi amiga había llegado de España con su novio y ocuparían el cuarto con la ventana hacia el tren urbano. Al otro día el nerviosismo se mantuvo por todo lo que faltaba hacer mientras él ofrecía té, leche de soya, apareciendo por todos los rincones de la casa, yo en pijama luchaba por terminar un artículo atrasado, era mi último día en la ciudad. Estaba cansada y un gesto corporal me delató. Se acercó con esas manos tremendas a masajear mi espalda y cuello, acercando su boca a esta última parte. Cuando los españoles se fueron nos metimos al cuarto que da al tren, las ropas volaron. Fue agradable sentir un cuerpo fuerte y tibio abrazándome. No había regresado a su país en 15 años para no verlo destruido.

Enseñó un miembro blanco y proporcional a sus manos. Con dificultad logramos acoplarnos, cambié posición y comenzaba a gozar sus caricias algo torpes cuando pidió detenernos. Dijo que no quería que mi roommate se enterara. Dormía en el cuarto a dos puertas. No comprendí por qué a un hombre de 36 años le importaba esto. Pero accedí y nos vestimos.

Lo encontré nuevamente en otro rincón, me besó el cuello prometiendo que cuando el rommate se marchara nos encontraríamos. Las visitas de los vecinos para despedirse se sucedieron y nos fuimos quedando solos otra vez. Tomé una ducha, elegí los atuendos más sexys del guardarropías. Cuando me lavaba los dientes apareció en el espejo, subió el vestido negro y deslizó el calzón rojo por mis piernas. Se puso el preservativo, pero algo falló.

Lo conduje hasta el sillón de leopardo desde el cual se veía al tren casi chocar con el edificio, ilusión óptica como la ferocidad de mi acompañante, que se redujo a algunos palmazos más fuertes de lo habitual, apretones y algún tirón de pelo, pero no pudo. “Tengo novia”, confesó, “ayer estábamos juntos y muy bien, con mucho amor”. No entendí nada, me condujo a la cama, volvimos a intentarlo. Nada, su miembro no lograba la erección necesaria. “Creo que inconscientemente prefieres portarte bien”, le dije. No respondió. Pedí un nuevo masaje que me dejó casi dormida. “Cada uno sigue su camino mejor”, dijo en su español algo extraño, procedió a vestirse y me dio un beso de despedida.

La sensación de pica me persiguió todo el día mientras viajaba a cobrar al periódico, conseguía una maleta, robaba dos perfumes para cambiarlos por el reloj para papá en Chinatown -todo cargando la maleta-, intentaba vender las últimas tarjetitas y sólo conseguí U$30, al menos algo. Al llegar a casa preguntó que tal había estado el día. Más o menos, dije, faltó algo. Después se deshizo en explicaciones que a mi modo de ver dejaron en claro sus limitaciones morales. “Es como ir a la pastelería, comenzar a comer un pastel de chocolate y recordar de pronto que estás a dieta”, dijo. Qué bien, al menos ahora me comparaban con un pastel, no sé si dijo de chocolate o esto lo agregó mi imaginación. “Bueno, -respondí resentida- yo no tenía hambre pero me dieron un pastel y cuando le encontré el gusto dijeron que sólo era una muestra”.


Me levanté a preparar la maleta, entre nuevas visitas de los vecinos, subidas y bajadas, más porros, faltaba poco para partir al aeropuerto y no conseguía guardar todas las pertenencias acumuladas en un año. Se despidió, que iba a dormir. Nos veremos, dijo. De la otra no te salvas, prometí. Más tarde comprobaría que arrojé a la basura dos libretas con las últimas entrevistas que los vecinos tuvieron que recoger, una blusa de seda, un disco del que sólo llevé la carátula vacía. En el avión recordé al hombre grande con residencia en París y el deseo que me abrió. ¿Para qué?

17 dic. 2005

flowers

¿el trébol de cuatro hojas que jamás corté, las hortensias marchitas en el balcón al llegar a casa, las silvestres que compré en el mercado de San Cristóbal de Las Casas cuando estuve triste, aquellas aves del paraíso que pedía envolver en Whole Foods y luego retiraba sin que nadie pidiera el comprobante de pago, una blanca y solitaria en el ojal de un galán trasnochado, o esa que algún amigo borracho sacó de sus bolsillos entre migas de pan y monedas para obsequiarme toda ajada?

15 dic. 2005

ciudades


"Pasado, presente, futuro, ¿en cuál tiempo estás?, porque se te confunden al hablar, ¿en cuál estoy yo?", pregunta coquetón el chico de gafas, todo un intelectual en lo que a urbes se refiere. "Por ahora en el presente, supongo". Al salir de la cocina un poema pegado al refri parece confirmar la respuesta: "La ciudad irá siempre en ti, volverás a las mismas calles", murmuro de acuerdo con Kavafis, pero que no me venga con cosas irremediables ni con que he destruido parte de mi vida que esto no es un karma. Adivino al dueño de casa mirándome leer, pero no volteo y regreso a la fiesta que reúne a estudiantes de una maestría sobre arquitectura y ciudad. Por la ventana, Bogotá transcurre lenta.

"Sí, es verdad, pasado, presente, futuro se me confunden, acabo de estar en tres ciudades, estoy perdida en los tiempos verbales", recuerdo haber dicho al joven profesor de literatura. Omití preguntar "y tú, ¿qué secretos escondes en esa caja?", sólo lo escribí en el espejo del baño cuando ya todos estaban demasiado borrachos para leerlo. "No eres de ninguna parte", sentenció él.

El agua para el té se demora más en hervir. Es lo que noto justo cuando llega a la cocina trastabillando. Esta ciudad es tranquila, le dije antes en la ventana de su cuarto, pero no me gusta ver tanto militar en la calle. La tranquilidad de la guerra, acotaría el anfitrión dando la última jalada al cigarro gigante de yerba barata sin confesar qué guardaba en el misterioso cofre ni quién era la chica que furiosa nos observaba desde un portarretratos. Todos escondemos algún secreto, dije, repitiendo la frase cual palabras mágicas que hicieran calzar una escena con otra en un orden perfecto.


6 dic. 2005

verbos

desarmar, armar, despegar, aterrizar, pasear por aeropuertos, comer las muestras gratis de chocolate y licor de café.

3 dic. 2005

destino: bogotá

........é
........x
........i
........t
fracaso


desarmar una maleta para armar otra, sentir cercano el fracaso tras ser calificada de poco profesional por la editora un poquitín histérica, pensar que tal vez es verdad, decirse a sí misma que todo será distinto de aquí en adelante, pero la tentación de perder el tiempo, de dejarlo escapar entre los dedos, aceptar el ticket aéreo de regalo, la promesa de un milagro que cambie las reglas del juego, angustiarse ante los artículos sin escribir, las notas del reportaje pendiente arrojadas a la basura por distracción y que los vecinos en New York recogieron y enviarán pronto, olvidar las elecciones presidenciales que reportearía como free-lance para el periódico mexicano, seleccionar otra vez las pilchas que cubrirán el cuerpo paseándose bajo el sol y la lluvia colombianos, confundir las palabras como en un acróstico en que los sentidos se intersectan, adorar los equívocos

26 nov. 2005

desembalaje

Santiago.-


los nuevos objetos adquiridos en forma ilícita se tornan extraños aldesembalarlos en un contexto diferente, recuerdo de aquellos otros que se extraviaron en el camino. cuál de éstos volverá a perderse? cuál seguirá viaje junto a mí, cuál comenzará periplo desconocido una vez arrojado al tarro de la basura?

la autora confusa sólo atina a mirar por la ventana el paisaje cambiado. ¿propio?

22 nov. 2005

afrodisíaca e instructiva

todo lo que puedo decir. todo lo que diré. a menos que…

malditos

por qué no me escriben ni una sola palabra?, estoy furiosa con ustedes y siento ganas de insultarlos. No les contaré nada sobre los swingers hasta que no den señal de vida; te hablo a ti, hipócrita lector.

21 nov. 2005

swingers

“new york nunca se me repite”
(frase célebre del diseñador chileno hallado en una fiesta)


To: <mariaelisa_c@hotmail.com>

Cómo llegaste?
desde que te fuiste han pasado varias cosas:


dos visitas del africano a altas horas de la madrugada, o despuntar del día más bien;
aparición imprevista de un catálogo de Hugo Cárdenas que olvidé me había regalado Lara en mi despedida de Santiago, mientras ordenaba;
exaltación del voyerismo en una extraña fiesta a la que fui invitada por un personaje que prefiere mantenerse en el anonimato, y en la que literalmente todos culeaban con todos, swingers le llaman, yo me dediqué a mirar, lo más arriesgado fue tocar el miembro a un negro bien dotado, único ejemplar que arrancó aullidos a las incontables féminas que se tiró para mi envidia, no me atreví la verdad, pero comí todo lo que había más o menos sano, de comida se entiende, bebí agua toda la noche, conversé y tomé notas mentales, también me excité bastante, vi a mi amigo culeando y me pareció de lo más normal. afortunadamente Baye (el amante de Mali) apareció en la madrugada para calmar en parte esta curiosidad excesiva que despertó la fiestecita.

tareas pendientes: conseguir el reloj de papá, el dinero que falta para la renta, reunión con nicole para fundar una revista contracultural, ir una vez más al bar de ficheras, entrevistas a los miristas chilenos del Bronx, ayunar, despedirme, adquirir una nueva tenida, y por supuesto, escribir todo esto.
un abrazo

19 nov. 2005

cinco días

quién es más flojo: el lector o el autor?, quién arriesga más a diario, quién mierda tiene que estar en la cuerda floja para entretenerlos, pasar cada día un susto y anotarlo en la pared como una jornada más en que no murió de hambre, díganmelo. aunque espero el mismo riesgo de ustedes o al menos su aliento ahora que quedan cinco días y una parte de mí está cansada de arrojarse al vacío, pero la otra sabe que siempre algo se moviliza y es mejor que estar quietecita, por ahora. los sueños son casas con escaleras que no conducen a ningún sitio, casas que habito pero que no me pertenecen. nada me pertenece. se confunden con el hombre que llega a ofrecer calor de madrugada, luego otras vez los sueños. la imagen fotográfica de su piel oscura contra la mía. la extrañeza de observar todo eso, voyeur de mí misma, su estética. y todo por ustedes. quién arriesga más?

14 nov. 2005

cuenta regresiva

espero sorpresas para los próximos días, debo recoger los objetos desperdigados, las imágenes que se me escapan, empacar una vez más para seguir viaje y no permanecer en ningún sitio, olvidar cuál es mi casa o si alguna vez la tuve o si alguna vez la tendré, pensar en España, Marruecos, el Sahara, destinos que ofrece cualquier mapa extendido, preguntarme qué pasará con este libro, cuál será su final, pero eso ya no depende de mí.

10 nov. 2005

blogmanía

Me quedan dos semanas en new york. Es medianoche y debería estar escribiendo algún artículo atrasado o en el bar oyendo tocar al nuevo amigo de Mali. Sí, ya sé, dije que no conocería a nadie más en un bar, pero ambos estábamos sobrios, y al menos esa es una de las innovaciones; la otra es que siento ganas de dejarme querer. Pero no era de eso que quería hablar. Tengo un poco de miedo. Hace rato literatura y ficción se me confunden. Hoy quedé sin aliento cuando más de una persona hizo referencia a detalles de mi vida privada y sentí un poco de pudor. La idea era no vincular al personaje y a mí. Aunque no sé si tal vez se trataba justamente de lo contrario. Sólo quería probar cómo funcionarían fragmentos del libro que supuestamente escribo; buscar lectores, atraparlos, seducirlos, saber que existen del otro lado de la página. Ahora me descubro escribiendo un blog y hago lo posible por traspasarlo al papel, pero es imposible. Por otra parte los lectores me seducen a mí, y soy yo quién espera impaciente leerlos. Todo se ha confundido. Este juego ha ido demasiado lejos. Los lectores toman en serio su rol y se vuelven demandantes. Como mi amiga Nicole, que exige saber quién es el chico con poca ropa. Por respeto a ustedes debo preguntarle a éste dónde vive, qué quiere, si cree poder distinguir entre autora y personaje, entre literatura y ficción, si tiene trabajo estable y un pasar con menos sobresaltos que el mío, si espera algo de la vida, si cree en el futuro, si es pobre y por eso no tiene ropa... Al menos por esta noche ni los chocolates ni la lluvia ni yoga ni el tren pasando una y otra vez por la ventana ni los relámpagos ni los pasos del vecino resonando en el techo de la casa ni nada. Sólo tú, impaciente lector, mi semejante, mi otro, mi amigo. ¿Deberé seguir escribiendo estas historias una vez en Santiago? ¿Qué pasará si más gente comienza a reconocerme?Acaba de llamar el músico de África, terminó de tocar y viene en camino.

Ya se fueron, vino con un amigo, la casa se llenó de conversaciones en mandingo, francés, inglés y español. Quedé invitada a un matrimonio africano.

29 oct. 2005

nuevo aviso

La ciudad dice hasta pronto y casi no hay tiempo de disfrutarla. Si no escribo me descompenso y si lo hago debo enfrentar un cuadro de ansiedad, para evitarlo ataco el refrigerador o lo que tenga en frente, aunque sea el editor de un periódico. ME PARECE POCO SERIO QUE NO HAYAS LEÍDO MI ARTÍCULO Y RECLAMES POR LAS FOTOS, le digo, casi a punto de llorar, porque en una semana más me llegará la regla. Luego las lágrimas caen frente al alumno de español que en realidad es mi profesor de inglés, y con quien nos contamos secretos de vida. También me angustió un poco la cita con el periodista exitoso, más encima cuando lo empezaba a encontrar interesante él se daba vuelta a mirar insistentemente a una chica. No dije nada, para qué. Se disculpó explicando que era igualita a una amiga suya. Claro, eso debe ser. Parece que hay fiesta en mi casa, le dije en venganza, pero prefiero no invitarte porque quiero dormir. Ah, no, dijo, si hay fiesta debes invitarme, yo duermo en el sillón. Llamé por teléfono y anunciaron que comenzaría como en dos horas más y ya eran las 2 de la madrugada. Ni modo, para otra vez será. Lo dejé con cara de aturdido en la esquina de Bedford y Metropolitan. La comida de Halloween y del día de muertos mexicano se me sale por los ojos. Mucha grasa. Prácticamente ya no como ningún animal. ¿Será por eso que llevo casi tres meses sin sexo? Decido ayunar, voy al gimnasio, recuerdo que estamos en guerra, señores, contra la panza, contra los rollos, contra mí misma. El libro se escribe solo, la lectora secreta envía mensajes de aliento. Vuelvo a escribir, rompo el ayuno. Lo que pasa es que no quiero acostarme con alguien por sumar uno más, porque sí, porque hace frío, porque P vino a verme otra vez borracho, no quiero estar con alguien que al otro día no va a llamar, así que abstinencia no más hasta que haya un buen motivo para romperla que tampoco se trata de una manda. Bueno, igual la rompí un poquito con el borrachín venezolano. Pero ahora estoy entretenida en otra cosa. Leo las cartas de los postulantes. Qué interesantes todos ellos y cuán distintos sus perfiles. Diablos!!!! Estoy confundida, con quién debo quedarme? Con alguna de las máquinas, con el chico que no tiene ropa o con la europea misteriosa? Reconozco el impacto al saber que la última postulante resultó ser del mismo sexo que yo. Pero suena dulce y he decidido no discriminar a nadie. Las postulaciones siguen abiertas. Ya lo dije, yo regaré las plantas, haré la comida y colaboraré con la cuentas (tampoco se trata de ser una mantenida). Necesito con urgencia alguien que apague el computador, me quite los lentes, apague la luz a las 2, 4 o 5 de la mañana, y más encima al otro día se levante para ir a trabajar. Es mucho pedir?

24 oct. 2005

verde

dos kiwis.
jugo de manzana, melón y alfalfa.
sopa de plátano y brócoli aprendida de la amiga boricua.
té Kombucha descubierto en casa del hombre que conoció en la calle, de hecho llevaba una cazadora del mismo color que el té, con capuchón, le preguntó en inglés su nombre, dijo necesitar saberlo porque escribía canciones tras disculparse por estar muy borracho, a ella le pareció amable y más tarde guapo, más aún cuando al abordar el taxi rumbo al bar en el que él pidió sumarse dijo necesitar una mujer que hablara español, que lo daría todo a cambio, que ganaba dinero, mami yo pagó el taxi, jajaja, no soy tu mamá, más aún cuando al bailar en el bar de moda pudo sentir los músculos de los brazos y pecho, el aliento muy cerca de su boca, más tade los besos, y no le importó que el tipo estuviera a punto de caer, que insistiera en extraviar cazadora y celular, que jugaran a encontrar sus pertenencias, ni el recuerdo del consejo de una amiga referente a que no hallaría un hombre que valiera la pena en los bares, pero finalmente quién soy yo para juzgar a quienes se propasan en las copas, se dijo, tal vez después de todo le gustaban los borrachos, eran su debilidad, no le importó nada de esto y sintió la curiosidad de ver el resto de los dibujos que se iniciaban en el hombro izquierdo y que prometían extenderse al resto del cuerpo. Cariño, soy un hombre decente, trato de comer sano, hago yoga todos lo días, trabajo mucho, prácticamente no bebo, nado por las mañanas, pudo entender que balbuceaba. Dijo ser venezolano y temía estar perdiendo la lengua. En la escalera desvencijada repitió que estaba muy borracho, que se comportaría como un gatito, que otra noche sería un tigre.

La mañana siguiente oímos llover desde su cama comprada la semana anterior, mami, serás la primera en estrenarla y eso no se olvida, había prometido antes de iniciar periplo en un nuevo taxi por las calles de Brooklyn rumbo a su apartamento. ¿Todas las chilenas son tan dulces?, preguntó mientras nos abrazábamos para combatir el frío. No sé, yo soy más bien ruda. ¿Sabes cocinar?, prosiguió, jaja ¿por qué? ¿estás buscando alguien que cocine? ¿Y tú dejas tu ropa tirada?, inquirí a la vez. Quedó acostado, con resaca, pasó dos billetes verdes para el subway, paseé descalza por el departamento semi vacío que hace dos semanas comparte con su gato, miré por la ventana, ya no llovía, escribí mi teléfono en una postal encontrada la noche anterior en que figura el puente de Williamsburg. Ensaladada de espinaca, lechuga, aguacate, alfalfa, un poco más de jugo. ¿Habrá llegado por el aviso? Tres pastillas de espirulina. ¿Llamará?

21 oct. 2005

sano juicio

una vez en la corte, con ojeras y sin haber alcanzado a tomar una ducha, el primer rostro familiar es el del hombre al que no podían tomar las huellas digitales. Ah, dice con rostro de alegría, nunca supe qué hiciste. Robar, respondí, unas ropas, porque no tenía dinero para comprarlas. Todos hacemos eso alguna vez, dijo. ¿Y tú?, ¿sigues gritando en los autobuses? Rió, nos despedimos. Tomé asiento en las bancas de madera a esperar el turno con el juez. No pedí traductor. Fui condenada a cumplir un día de trabajo comunitario y a pagar 75 verdes.
En la espera para fijar el día para efectuar el trabajo un hombre negro gritaba en spanglish que pronto iría a buscar su medicina. Acababa de cumplir cinco años de condena y debía realizar diez días de trabajo obligado. Tráfico de drogas, dijo. ¿Se ve mucha droga en la cárcel? Mucha y de todos tipos, más incluso que en la calle, reconoció. ¿Y quiénes las venden? , ¿los policías? Movió la cabeza de arriba abajo, sonriendo. ¿Y qué vendías?, quise saber cada vez más curiosa. Marihuana, heroína, crack. Ah, yo sólo le hago a los verdes. Pues, entonces espera y nos fumamos algo por ahí. ¿Pero y si nos descubren y tenemos que hacer más trabajo comunitario? No pasa nada, dijo. ¿Y de dónde la sacaste?, preguntó mi voz más entrometida. De adentro, me la tragué y ahora debo vomitarla. Ah! Una vez en la oficina fui citada a jardinear en el Battery Park, llegando a las 7.30am, al menos queda a la orilla del río y mirando hacia la estatua de la libertad, me dije, bonita quimera. Sentado en otra oficina, el hombre negro hizo señas para que lo esperara, dijo que tenía algo muy bueno, pero la parte más juiciosa de mí decidió que lo mejor era salir lo antes posible del edificio.

19 oct. 2005

chocolates

esta noche no sé qué decir, no me salen las palabras y escapo en puntillas, abro el refrigerador, mando al diablo las calorías que trato de contar minuciosamente, pero no puedo evitar comer chocolates y entonces logro balbucear esto:


Cinco máquinas, un amigo que acaba de separarse y un tipo simpático que no tiene mucha ropa pero la cuelga respondieron al aviso. El primero cree que el amor es posible con una máquina contestadora. El segundo pregunta si quiero conocerlo. Creo que sí, pero actualmente me encuentro en la clandestinidad, de incógnita en un país extranjero, con gafas en un novela policial, anónima. ¿Debo considerar un fracaso que las máquinas quieran casarse conmigo o un triunfo porque todo cobra más sentido?

La lectora secreta extrañamente escribe y escribe. Ahora es ella quien demanda mis historias.

Al amigo pintor no pareció gustarle que comparara su performance con una masturbación. Sin embargo, no quise vulgarizar su acto poético

Por qué la interpretación se vuelve tan compleja? No puedo escribir más, si ingiero otro chocolate tendré dolor de estomágo.

12 oct. 2005

J train

las metas del día eran cumplir el ayuno autoimpuesto y cambiar las tarjetitas de HyM por el dinero que falta para la renta. razón que me obligó a salir de casa desafiando el frío y pasear con el sonar de tripas y sin hacer caso a la amenaza de bomba que podría estallar en el tren subterráneo. ánimo, me dije, resiste, lo que no mata fortalece, y otras frases hechas. sería tan fácil quejarse o derramar un lagrimón. pero escribo, entonces soy afortunada. el precio es la incertidumbre.

eyesore
el dolor de ojos del que habló el viejito puertorriqueño que entrevisté en un jardín comunitario del bronx, para explicar cómo era su barrio en los 70, cómo mismo es en parte ahora, cómo es el centro de la ciudad con su zona cero, etcétera.


Down town y el propio desvarío, el punzazo en la pierna que pronto se convertirá en marca o trofeo por haber brincado en el subway.

10 oct. 2005

aviso



Pese a no estar de acuerdo con el matrimonio necesito urgentemente un hombre que acepte casarse conmigo y trabaje mientras permanezco en casa escribiendo, también puedo cuidar las plantas y preparar la comida. Es verdad que tengo algunos kilitos de más, me he puesto algo mañosa y además soy feminista, o sea no me hacen gracia los chistes misóginos ni que me toquen el culo para jactarse con los amigos, no soporto que ronquen ni que dejen la ropa tirada ni que no laven platos o sean amargados.

Y tú, ¿te casarías conmigo?

3 sep. 2005

fingerprints

A Nicole, que recogió mis cosas

A través de las rejas se distingue el ir y venir de los hombres vestidos de azul; una medida del transcurso del tiempo. Es su primera vez?, pregunta Lagattuta, con una voz bastante amable que contradice el lugar en el que estamos y -bajando el tono hasta dar la idea de un secreto- agrega que no pondrá la marihuana poque sería peor. Es mi primera vez le digo, no tengo historial, el único problema es que soy un poquito cleptómana. Tiene alguien a quien llamar para que recoja sus cosas?, pregunta, es necesario que vengan porque sino podría tardar días en recuperar sus pertenencias. Sí, pero no quiero llamar a cualquier persona, no es una buena noticia la que voy a dar, pero a cualquiera puede pasarle, ¿no?. No tienes que pensar en la vergüenza, ya está hecho, aquí hemos tenido personas muy famosas, confiesa en tono de anécdota. Sin ir más lejos, Johnny Deep, quien destruyó todos los muebles de su habitación de hotel tras pelearse con su novia. ¿La golpeó?, pregunto. No, sólo rompió todo lo que había en el cuarto.
El teniente hace girar la llave grande en la cerradura de la puerta y me entrega el celular para que lo intente, la señal se va. Por alguna razón la amiga al tanto de las incursiones por tiendas de ropa, cremas y comida, insiste en devolver la llamada. El teniente explica la situación y me pasa el teléfono. No te preocupes, me han tratado bien, digo, el porro fue perdonado, así que fumátelo cuando vengas a recoger las cosas, las tarjetas de HyM también las encontraron y fueron perdonadas. Vuelvo detrás de la reja hasta que el teniente hace girar la llave una vez más. Pide que avance y pone uno a uno mis dedos en una máquina especial para tomar las huellas digitales. Parecen dibujos, pienso, qué ganas de pedir una copia; callo el comentario poco pertinente. Luego varias fotos polaroid que no alcanzo a ver y otra vez de regreso a la celda. Las horas se estiran como chicle, comienza el frío, porque como explican otros funcionarios el lugar no está pensado para la comodidad. Pido a Lagattuta me pase mi nueva adquisición, una chaquetita de lana rosada sustraída en Levis. El resto de las cosas, porro incluído, casaca de cuero malhabida en otra tienda y tarjetitas H yM se las lleva mi amiga. La llegada de un nuevo arrestado provoca un cambio en la rutina. Soy sacada fuera de la jaula, a las sillas en la oficina, mi mano queda unida a la reja por unas esposas. Pasan varias horas en el transcurso de las cuales concluyo que el detenido es un hombre excéntrico, o loco; respira recordando a un animal en el zoológico, hace yoga, provocando la risa de los policías a su cargo, juega con moneditas. El inspector Meruanes se dirige a mí en español, pregunta por qué estoy acá. Por tomar lo que no es suyo, responde él mismo. Hablo otra vez de la cleptomanía dudando si realmente se trata de una excusa inventada o de la verdad. ¿Sino qué razón hizo que entrara a esa tienda (si me dirigía a otra), que ese abrigo y ese sweter que estaban sin alarma me quedaran tan bien, que los metiera a la bolsa llena de prendas de otra tienda que en ese momento iba a cambiar, aunque más bien el objetivo del día era convertir las tarjetitas de H y M en dinero? Algo como una ansiedad, una compulsión inexplicable abierta en parte por la sociedad de consumo. La misma fiebre que mueve a un adicto a no parar hasta conseguir el objeto de deseo ¿Sino qué hizo que cambiara los planes de forma tan aventurada y olvidara cortar las etiquetas previendo que podrían sonar a la salida? ¿Por qué mi rostro se mantuvo imperturbable, incluso sonriente, mientras los encargados de la tienda me interrogaban, revisaban mis cosas y posteriomente los uniformados descubrían el frasquito con un poco de marihuana y las tarjetas de HyM, comentando lo obvio: roba mercadería y la devuelve? ¿Qué me llevó a despidirme de todos en la tienda dándoles las gracias y sin hundir jamás la cabeza mientras el policía rubio me llevaba esposada? Como no oculté el rostro, una vez en la calle pude ver a los curiosos obvservarme subiendo al vehículo policial. Todo es parte de la misma nebulosa que ni siquiera la voz del inspector recomendándome no-hablar-de-la-clep-tomanía-al juez-en-la-cita dentro de un mes logra disipar. No es algo grave, dice, es tu primera vez, sólo di que estás arrepentida y que no volverá a ocurrir. Después procede a llamar al hombre alto tras las rejas, a mi espalda, para enseñarle a una nueva funcionaria cómo se toman las huellas digitales. Pero el detenido está muy tenso, las huellas salen borrosas o movidas, el inspector comienza a perder la paciencia, a amenazarlo con ir a Downtown y esperar por ver al juez tres días. El detenido se pone más tenso, lo regresan al calabozo. Trato de decirle que respire profundo como en yoga, pero él comienza a gritar que cuando salga de allí se tirará de un puente, acabará con su vida, cometerá suicidio. Luego vuelve a la normalidad y pregunta por qué estoy en ese lugar. No respondo. Pasan las horas y el frío aumenta. El tipo estira su sweater hasta cubrirse las piernas y la cabeza. Yo doy pequeños trotes esposada al muro. El inspector trae ayuda para tomar las huellas del tipo, se encuentra con mi pasaporte y pregunta a qué me dedico. Reportera, digo. Bueno, se despide, espero no verla otra vez por aquí, usted tiene una profesión, cuánta gente lucha por lograr eso. Pasan las horas, el detenido que llegó después de mí sale libre.
Vuelvo tras las rejas, al menos ya sin esposas. Me quedo dormida sobre la banca de madera, entre sueños distingo a un hombre asiático sentarse en el lugar que antes ocupé esposado a la reja. Lo primero que pregunta es por qué estoy ahí. Robé una cosas. ¿Qué?, inquiere. Ropas. Ah!, ríe. ¿Y tú?, pregunto en mi turno. La vecina me acusó de espiarla por la ventana. Una policía ingresa y lo regaña por estar hablando, vuelvo a dormir. Al despertar, soy notificada de mi libertad. Lagattuta me regresa el pasaporte, las llaves y la tarjeta del metro. Son las cinco de la mañana, han pasado casi 10 horas desde que llegué a la estación de policía. Uno de los guardias en la puerta pregunta si ya no volveré a robar. No, digo sin mucho ánimo. No parece muy convencida, comenta entre risas a los demás. Estoy dormida, respondo. Extiendo la mano a Lagattuta, le doy las gracias y desaparezco por la puerta, feliz por lo bien que me sienta mi nueva chaqueta rosa.

Hewes con Broadway
Una vez a salvo y en casa la escritora se debate entre el retiro definitivo y la búsqueda de un trabajo honrado donde paguen poco tal vez haya que estar varias horas de pie, un retiro a medias, o dar rienda suelta al fetichismo compulsivo. Por qué estaba clara la tendencia a excederse en cualquier plano como un rasgo de personalidad, que a última hora se agradecía porque al menos era preferible a una vida sin nada en uno mismo contra lo cual luchar. Saliendo hacia el parque todo parece parte de un sueño o una película, pero es real. Como lo es la escena que la obliga a devolverse a casa a escribir este relato. En la salida de una tienda en Brodway con Hewes un hombre ya mayor, bastón y peluquín, se enfrenta al guardia hasta golpearlo con el adminículo del que se ayuda para caminar. El uniformado lo reduce. Él sólo atina a gritar fifty dolars. Una mujer sale vociferando algo en español. Desde el suelo el viejito patalea, mueve la cartera de mujer verde, y vuelve a repetir la cifra. Otras mujeres salen. Cuatro carros policiales llegan. La escritora se acerca más para escuchar mejor. El tipo es esposado. La mujer de la cartera, varios años menor, vuelve a gritar en español. El señor repite la suma de dinero. Todos hablan con todos, los policías con los guardias y los curiosos, uno de los uniformados explica la situación en español, otro flirtea con una de las testigos, quien rotula lo ocurrido como un asunto entre un hombre y una mujer. En medio del griterío el viejito hace gala de su spanglish y explica que le ha dado alojamiento a la tipa de la cartera. Lo último que se escucha es su precio, 50 dólares. La escritora se imagina vieja y con un bastón agrediendo a algún guardia de seguridad. Agita la cabeza. La nebulosa por fin parece disiparse. Al llegar a casa encuentra en su bolso una boleta de Urban Outfitter por la misma cantidad que robó.

delito
La próxima vez que vayas a cometer un crimen la moña se queda en casa, recomienda el amigo de Puerto Rico. Delito, crimen suena muy feo, corrige la joven poeta puertorriqueña. Al contarles el resumen de los hechos, el primero estrecha su mano vengan esos cinco. Le digo que tampoco es para felicitarme, que sino puedo terminar dedicada a eso. Aunque la palabra suena tan bonita.

31 ago. 2005

ghettos

la ciudad es gris, a veces aparecen algunos manchones verdes, son los parques de la ciudad. Uno que otro atardecer que incendia las ventanas de los rascacielos. Los únicos colores lo aportan los transeúntes, pero más que nada su color los divide: los blanquitos, los negros, los chinos, los latinos.

15 ago. 2005

estrellas

hasta el loft del 3º llegan los actores, productor, director y todo el equipo que trabajó en la película. El cubano que estudió literatura en parís pero nunca leyó a Reinaldo Arenas, después comprendo por qué, era del grupo de los privilegiados. La artista cubana que vive en Ámsterdam. El cinematographer puertorriqueño igualito a Charly García. El productor, delgado y de calvicie incipiente, que cada cierto rato aparece a mí lado, habla de sus viajes a Italia, de su madre de esa nacionalidad, de sus tierras, sus películas, sus actores, etc, algo que claramente indica no te acerques. Pero la noche fluye, los días sin follar comienzan a sentirse en el cuerpo o la inquietud al haber iniciado un libro más de Bolaño, 2666. Algo como ansiedad. Que la marihuana, el crippi recién descubierto, acentúa. El tipo se me sienta una vez más al lado. Pregunta por mi anillo y en un gesto que nos devuelve a la adolescencia toma mi mano, me mira a los ojos, acaricia mi espalda. Nuestros acompañantes en el sillón se retiran y entonces acerco mi boca a la suya. Los labios se tocan, apenas, cuando él dice soy privado, qué, pregunto, ah que no te gusta dar besos en público. No, responde, no con alguien que recién conozco, menos si está todo el equipo de la película en que recién trabajé; no quiero que hablen de mí; tampoco soy tan conocido, pero…Buenas noches, digo, mejor me voy a dormir. Salgo del sofá. A los pocos minutos se retira en compañía del doble de Charly.

10 ago. 2005

verde

“Verde que te quiero verde.
Verde viento símbolos” , murmura en voz baja la mujer del 3o, mientras el guardia saca de su bolso alcachofas, manzanas, lechugas, melones y demás vegetales verdes. Se encuentra al interior de una oficina, frente a un escritorio detrás del cual un hombre calvo cuantifica las verduras. Dos pantallas de televisión muestran los movimientos del público al interior del supermercado. No puede venir nunca más a este establecimiento, dice el tipo calvo alargándole un papel para que firme. Ella saca del bolso una cajita de la que extrae un chicle verde, se lo lleva a la boca, toma el lapicero, estampa su rúbrica.

26 jul. 2005

gajes del oficio



la escritora está confundida. el calor la atonta, la ciudad la agobia. no sabe adónde vivirá en cinco días más. no sabe si quedarse o partir, al menos por unos meses, descansar de New York. el fin de semana ingirió unos hongos en la playa, pero no alcanzaban para Reymundo, el pintor chileno que la invitó, por lo que bajó un poco para poder comunicarse. el regreso a la ciudad la tiene algo deprimida, sin ánimo para trabajar. los robos la están desgastando. el amante misterioso también. acaba de llamarlo. la primera vez respondió algo extrañado y la comunicación se cortó. la segunda le pidió que fuera más cuidadosa, que no estaba solo y que tratara de llamar a la hora correcta. Esta es la hora correcta? No. Entonces cuándo? Viernes o sábado en la noche. Ok, bye. bye. En estos momentos le gustaría verlo de nuevo, follárselo -por supuesto- y despedirse. Le empieza a parecer demasiado complicado.

12 jul. 2005

Re: pista

To: “Malinalli Alcázar” malifly@hotmail.com

Es la misma pregunta que me hice al leer el libro que figura abierto sobre la cama de la mujer del 6o a las 8 am de un día cualquiera (porque en realidad son varios días distintos que en el relato confluyen en uno) en marzo del 2004 en el Hotel Virreyes, Izazaga con Eje Central, Ciudad de México.
Ahora déjame la curiosidad a mí: a qué se debe tu interés en esos tres simples datos: día, mes, año.


miércoles. julio, 14
una sensación de fracaso ligada a la palabra amor, a ese vocablo que juego a deletrear mientras tropiezo una y otra vez con hombres adorablemente ajenos.

From: "Malinalli Alcázar"
HOLA ALINA
¿Comò estas,en que parte del mundo te encuentras ahora?
Claro que respondere a tù pregunta.
Cuidate mucho en donde quiera que estés te mando un fuerte abrazo.
GRACIAS

11 jul. 2005

día, mes, año



la noche ha sido larga, la semana. de fiesta sin beber nada, nueva modalidad. en guerra contra fantasmas (el propio incluido) y los kilos de más. despierta, demasiado despierta, intentando algún grado de equilibrio, por precario que sea. La pintora española y su visita polaca se marchan mañana. Por eso toda la semana anduvieron de fiesta en el bar en que conoció al amante jamaicano. Hoy volvió a verlo llegar acompañado de una nueva chica. Cuando ésta se dio vuelta, él saludó con un pequeño beso en la boca, hizo el gesto de tener que entrar, luego fue más claro y dijo que no podrían irse juntos. Entiendo, dijo la autora y salió a fumarse un porro. Vio romance alrededor, un tipo de color se le acercó, pero no sintió feeling y siguió pensando en lo extraño que suele comportarse el amante jamaicano, tal vez efectivamente sea traficante (como propuso Patricia), guía de turistas o prostituto, como pensó la primera vez que lo vio. O sólo demasiado guapo, como volvió a proponer acertadamente Patricia. La noche fue algo de celos, ganas de investigar acerca del tipo en cuestión sin decidirse a preguntar al portero proveniente de Africa, que estaba ligándose a la polaca. la noche fue un enredo de emociones entrecruzadas o es sólo que se prepara para volver a sumergirse en las páginas del libro. la noche ha sido tan larga tomando agua, fumando porros, viendo al amante una vez más irse con otra. caminando a su ex casa, Broadway 321, con un negro que se empecinó en ser su sombra y al que le dijo una decena de veces tú no me gustas. pero al mismo tiempo cometió el error de estirar la cuerda, darle un pequeño beso en la boca como despedida, lo que lo animó a insistir, colarse por la puerta del edificio y seguirla hasta el 3o, donde esperaban la pareja conformada por la polaca y el africano. lo primero que hizo cuando éste último consiguió echar al tipo, fue apropiarse del computador, y largarse a escribir lo sucedido. los celos aún rondándola, se lo dijo al menos al oído, i feel little jealous. Don´t be, respondió el hombre bello y se perdió en el baño. Siempre tan rápido, sin detenerse ni un momento, o pocos, siempre mirando el reloj y teniendo que irse de un lado a otro, sin permanecer en ninguno, como si se ocultara o quisiera resarcirse de algo.Y la autora empecinada en que esto se convierta en una novela y desenmarañar algún misterio. Pero no, cada vez se enredaba más. Como hoy cuando intentó explicar al editor del periódico cómo era su libro: el diario de un personaje, dijo. Y él preguntó ¿cómo los detectives salvajes? Y ella, ojalá fuera así. Como cuando por fin se atrevió a preguntar por Terry al africano, dijo no creer que fuera casado y desconocer si tenía muchas novias, porque siempre lo veía llegar con más amigos. En fin, nada en limpio. Al llegar a casa, aún con los celos a flor de piel, la esperaba una sorpresa. Por fin alguna comunicación con un lector desconocido.


Rafael Salmones wrote:

Hola, Alina...

¿Cómo va esa vida nómada? ¿En qué parte del mundo estás ahora?
Aquí abajo encontrarás un correo que me llegó referente a "El otro diario de Alina Reyes". Yo ya le he respondido que el texto no es mío y que no tengo idea de los datos que ella quiere, pero que te haría llegar su pregunta tal como prometí al publicar tus textos.
Debo confesar que me ha nacido la duda de por qué esta mujer (supongo que es mujer por el nombre) tiene tanto interés en esos datos, de modo que si quieres mantenerme informado sobre tu eventual respuesta a ella y lo que de ahí derive, te lo agradeceré.

Recibe un mexicano abrazo.
Rafael Salmones


----- Original Message -----
From: "Malinalli Alcázar"
To:
Sent: Sunday, July 10, 2005 9:24 PM
Subject: solo una pregunta

¿En qué fecha sucedió lo que escribes en "el otro
diario de alina reyes (3)"?
por favor dime la fecha; día, mes y año.

gracias



3 jul. 2005

mala hostia

La autora figura de buzo negro, el computador portátil colgando de un hombro. El poeta, editor también de la revista cultural alternativa, acaba de pelearse a muerte con ella por haber vendido la entrevista con la cantante mexicana a otro medio. El editor insiste en la palabra exclusividad. “El caso es que yo no creo en ese concepto”, rebate la reportera free lance, apagando la pantalla en que aparecía el texto en cuestión, recogiendo sus cosas, yéndose con rabia suficiente como para lograr publicar la entrevista en otro sitio.
Ahora espera, en HyM, que la mujer de un país oriental y remoto, se decida a comprarle un poco de crédito en su gift card, la tarjetita en que suma cada prenda robada y devuelta.

2 jul. 2005

West 4

La reunión con el ex amante polaco, situación que no debería haberse extendido más allá de esas tres noches, agradables, pero no extraordinarias, bueno, quizás una de ellas lo fue, pese a las dificultades idiomáticas, a las diferencias personales, a los cuerpos que no se acoplaban. Pero era eso. Nada más. Por qué vino? Está claro que a buscar su bolsita de marihuana. Pidió un momento más largo, pero es él quien tiene que irse, y casi se duerme mientras ella se esfuerza por llenar los momentos sin interés. Se aburre sobremanera mientras lo acompaña al subway, oyéndolo hablar del futuro y su vida, pensando si decirle que no llame más, pero ni siquiera es necesario. Al despedirse en la entrada al subway sólo le desea “good luck”.

29 jun. 2005

cleptómana

la escritora entra en la tienda fina, toca telas que desconoce, entra el probador. al probarse la pollera violeta con puntitos y la blusa negra, ella misma se deslumbra. Es el traje para impresionar, decide. La alarma es una delgada etiqueta cosida a la ropa que debiera ser cortada con una tijera. No se le ocurre con qué rasgar esa tela gruesa, registrar los bolsillos del bolso y aparece un encendedor. Cuidando no quemar el traje ni despedir olor a plástico quemado, logra separar la alarma de las prendas.
Con su nuevo tesoro en la mochila, llega hasta el Central Park. Se sienta frente a un lago descalza, contesta el teléfono, enciende un porro, fuma, ojea el libro de Reinaldo Arenas en la parte en que él se encuentra cortando caña en un campo de concentración. Fuma, cierra los ojos, toda la energía de la tierra fluye por sus venas. Recuerda las ruinas en Chiapas, recuerda a la gente. Por un minuto siente ganas de volver. Pasar una temporada larga en una comunidad zapatista. Escribir otro diario. El de entonces.

Atraviesa el parque, deja la naturaleza prefabricada por el hombre. Cómo explicaría a un niño zapatista que los gringos construyeron un parque con árboles y lagos en medio de la ciudad para que no fueran sólo edificios y espejos. Sin duda el traje robado en Ann Taylor, no sería parte de su equipaje en aquella nueva aventura. Entra al edificio de Warner. Va a la librería, mete dos libros en su bolso. The Sheltering Sky, de Bowles, para ella; uno de Bukowski para Patricia, la pintora. Baja al supermercado orgánico, toma dos bandejas de sushi, un té verde frío. Al salir por la caja mira hacia otro lado, con seguridad. Si se tiene que ir el mundo al carajo que se vaya.

8 jun. 2005

Spring con MacDougal

Al paisaje conformado por blancos ricos y unos cuantos homeless que suelen dormir en la plazoleta, se suman ahora el ejército de camiones de la super producción cinematográfica, curiosos, los transeúntes de siempre soportando el calor decidido a hacerlos sudar. La mujer del tercero teclea con la ventana abierta.

6 jun. 2005

grado cero

por la ventana los espasmos de la ciudad, que se derrama en aguacero. la escritora ha decidido cortar por lo sano, liberarse de todo, empezar una vida nueva, si es que ya no la viene empezando hace rato, al menos una nueva etapa de esa nueva nueva vida. se corta el cabello, una vez más, sin conseguir ese cambio radical que busca, y que al parecer en su caso, sólo puede darse de a poco. las fuerzas contradictorias en ella, el equilibrio y el desequilibrio. sólo que las consecuencias de la segunda conseguían sacarla de circulación, alterarle el mapa completamente, tanto, que había que comenzar un nuevo capítulo del libro, el último, se prometía a sí misma. cerrar -o intentar al menos- los círculos; si eso no era posible, empezar uno nuevo, trazarlo en un baile más desquiciado y certero que todos los anteriores, sobria, para siempre sobria, porque la última borrachera la había enfrentado a la vulnerabilidad del propio cuerpo algo estropeado. había que cuidarse, quererse, inventar nuevas y mejores estrategias de supervivencia, nuevas formas de narrar, nueva voz, nuevos ojos, nueva piel. porque aunque se enfermara en el camino, escribía para sanar y ése era el proceso, no el contrario. los espasmos de la ciudad confirmando la agitación interna. se sentía como la zona cero; no quedaba otra que construir un nuevo edificio. el anterior se había venido a pique.

2 jun. 2005

graffiti


La escritora fracasada tiene resaca y prácticamente no es capaz de escribir hoy, garrapatea con dificultad estas líneas. Recuerda a Jane Bowles en sus cartas quejándose de las borracheras que la dejaban tres días sin escribir. Recuerda el despertar en el 3º de 321 broadway, en el cuarto desocupado, completamente desnuda, sin rastros de su ropa que encontró desparramada en la sala a un lado del sofá mientras se recordaba a sí misma bailando con un argentino en la fiesta de anoche en el 4º, tras haber divisado a P llegar, saludar a su nueva novia, fugarse juntos a la azotea, luego a la sala, desaparecer más tarde en el cuarto. Tras haber bebido incansablemente y esbozar de la misma forma un discurso en torno a la pérdida, a la ciudad de Nueva York, a la sensación de estar en una montaña rusa con la gloria de las subidas y el vértigo de las bajadas, sobre la importancia de aquellas bajadas, mientras el argentino con cara de intelectual la miraba coquetón intentando seducirla y ella hilaba su discurso con algunas lecturas. No recuerda si fue él quien le quitó la ropa. Recuerda haber escrito con rouge en el espejo del baño el verso de Gajaka sobre el amor al fracaso, y firmar como él. No recuerda nada más. Le duele todo.


las borracheras son como las borraduras?

28 may. 2005

190 6th Ave

tras las cortinas abiertas una cama de sábanas rojas y colcha azul, sobre ella el racimo de bananas amarillas. una mujer de vestido negro tendida de espaldas con una banana en la mano. se la pone entre las piernas, se mueve, lleva luego las rodillas a un lado y con la otra mano introduce la fruta por detrás.

minutos antes la llamada del amante jamaicano que se va a Virginia y pide que no lo llame en la semana.

la revoltura de libros, espejos, almohada, teléfono, cenicero con un porro, cerillos del Bembe, un celular, una espejo, la camisa de dormir, un bolso, sobre la cama. al otro lado, la ventana, el fluir de la ciudad.

14 may. 2005

virtual


en la sala del poeta, termino de escribir los apuntes sobre la fiesta de ayer, llega la pipa de marihuana, sigo escribiendo, alguien observa de soslayo la palabra masturbación, un hombre y una mujer cuentan de cómo se conocieron por internet, se ven bellos y felices, me pregunto por qué dos personas así tuvieron que poner sus nombres en una lista de chat y ofrecerse en la red, para hacer posible un encuentro. te venden una fantasía, un cuento que vendría a reemplazar el relato fragmentario y roto de los días nuestros, zigzagueante y ambiguo como los propios pasos. porque tal vez en Internet uno podría poner características aisladas -componentes químicos- que mezcladas tendrían que dar como resultado al hombre o mujer deseados. como si un color de piel, un olor, un gesto, no fueran asociadas sólo a una voz, a una forma de articular o desarticular las palabras. una manera de moverse no estuviera ligada a esa particular gramática personal que enredamos con la del otro, como un juego brutal y absurdo, más destinado a perdernos que a provocar el encuentro, a perturbarnos en lugar de darnos paz, a exigir abismos en lugar de lagos calmos. porque no soportaríamos la detención, el congelamiento. porque nos enamoramos del vértigo.
El poeta recita algo en que repite la palabra sudaca y canta, luego lo va traduciendo para el chico que María la madrileña encontró en Internet. Se ven felices y bellos. Ahora discuten con el poeta en una mezcla de inglés y español insultándose por quién habla mejor la lengua del Padre. Novela negra, es lo que debieras escribir, sugiere el amigo del poeta, con un vaso en la mano, a la orilla del computador. No me describas tanto, ordena. Falta un crimen.

12 may. 2005

escaleras

De vuelta momentáneamente en el viejo edificio, 321 Broadway, la falda corta deja ver las piernas algo gruesas pero torneadas, envueltas en encaje negro, uñas rojas rodeando las rodillas, escote pronunciado. Sentada en la escala del 2º piso, sola, la mujer siente el impacto del lugar donde escribió las últimas 50 páginas o más, acaba de llamar a P, quien desapareció en su cuarto entre el tumulto de la fiesta. “Estás solo?” Sí. “Estás bien?” Sí. “Quería saber si estabas bien”. Sí, me estoy tomando un break. “Quieres salir?” Sí, en dos minutos salgo. La espera en los escalones se prolonga, las piernas algo gruesas envueltas en encaje negro, tiemblan levemente.

azotea

le dije que estaba tomando un poco de aire. mejor en la azotea, invitó. Subimos. Varias veces nos cruzamos en dirección a alguno de los cuatro puntos cardinales. Esperé que meara en una de las esquinas. Nos encontramos al centro. Le dije que algunas veces había sido pesado quizás sin darse cuenta. Que otras me había parecido un tipo muy amable, que finalmente los juntaba a los dos. Que le tenía cariño, que podíamos ser amigos. Nunca hemos sido otra cosa, respondió. Lo fuimos, en algún momento, luego todo se enredó, yo me condundí, y tú te has alejado bastante. Soy lento, dijo. Lo sé. Nos asomamos a ver la ciudad, como quien contempla un abismo. El viento dándonos en el rostro. Me quejé del frío. Bajamos por la estrecha escalerita. Los hombres primero, propuse. Pero voy a verte todo, dijo. Reí. Tanto confías en mí? Reí, para qué recordarle que había demostrado ser más que inofensivo. Son blancos dijo desde abajo; rectificó, no, negros. Como un adolescente, estaba en lo cierto. Me tendió su mano, algo fría. Al entrar a la casa nos dispersamos en la multitud para no volver a vernos; esa noche, al menos.

5 abr. 2005

*

Me dijo que estaba borracho que por eso había pasado la noche conmigo. Me dijo tengo miedo de enamorarme, me dijo no tengo agenda, me dijo “estoy bloqueado”, me dijo que los hombres reaccionaban sexualmente con el alcohol que eso debía yo saberlo, sobre todo si les ponen la carne en la parrilla, le dije no te puse mi carne en ninguna parrilla, la otra noche tú tomaste la iniciativa. Me dijo que era como cuando de adolescente se emborrachaba con los amigos e iban a topless o a putas, me levanté indignada, volví, le dije no puedes estar comparándome con una puta, le dije me caes mejor cuando estás borracho porque eres más libre, nos hemos contado secretos, secretos que recuerdo sólo en parte, has llorado entre mis brazos, eso es muy intímo, me dijo te encuentro atractiva, de no estar perturbado sería distinto…le dije siento que ambos nos buscamos más allá del alcohol o no, esa noche dijimos querernos, le dije que le daría un beso aunque él no quisiera, que después me iría a dormir, un beso que respondió, como si saber que me iría a dormir lo liberara, le dije que todos sus besos antes de la última noche habían sido con miedo, le dije que no estaba para andar pendejeando, le dije ¿y entonces no te gusta que te hagan cariño?, le dije te estoy hablando de un simple y vulgar beso por la mierda ¿o tú crees que quiero ser tu novia?

18 mar. 2005

jamaican man

Beautiful Jamaican man
I would like to leave you a message
in the subway`s platform

where our steps cross each other
Look for me
The snow on your hair seemed like in a film,
the rest too
I would like to feel you each time more mine
even if I share you
The night brokes, the time, the condoms
The character completes her desires
plus
the fantasies she hadn’t imagine
beat her legs
I try to tell you with the intermittent voice
of pleasure
with the laughs you don’t understand why
“It seems to be that when I have orgasms it comes
the laugh”, I whisper,
Wait for you Monday at 12am or pm?
You are my gift and want I to keep you
Mine. Each time more. Like the city.