24 feb 2014

rutina

cuando pedías que fuera tu perra
ofendida y halagada sabía
nadie
iba a complacerte mejor que yo
con tanta
furia
y a la vez
eras mi súbdito
mi perro infiel

llave

el ruido del tren penetra en el cuerpo y la llave, la posibilidad de abrir de imprevisto la puerta de una casa a la que ya no volvería, trayendo de vuelta los nervios, la ansiedad, ese terreno inestable del que había creído zafar.

8 may 2013

Pastelerías

No más pasteles por favor. Eran tan ricos, pero se disolvían rápido en la boca, la lengua, la garganta, los jugos gástricos. No duraban nada. Extraños sabores efervescentes y artificiosos colorantes, mágicas chispas se desprendían al lamerlos, mascarlos, engullirlos. Caían mal, mucha crema. Hacían mal, exceso de chocolate o de azúcar. Engordaban, desequilibraban. Pastelismo puro. Que sí, que no, que no sé. La guinda de la torta, un triángulo con formas humanas compitiendo por una figura que se deshacía en la boca. Esponjosos bizcochos agradables a la vista y a las papilas gustativas, vacíos por dentro eso sí, rellenos de aire. La delicia de devorarlos bocado a bocado y después sentir los efectos nocivos. Había de dejarlos, cerrar la boca, ponerse a dieta, optar por el celibato.

(septiembre 2012)

18 feb 2013

Lapsus

romper la loza inglesa el primer día, el jarrón de vidrio el segundo, sentir que piso sobre huevos y soy brusca o tal vez no me acostumbro a la nueva posición en que me sitúo, fuera de todo lo que solía ser pero no es.

6 feb 2013

Paila marina



 La cuchara derrama parte de su oleaje en el piso, el pantalón, el mantel, de puros nervios, es verdad, ante la mirada inquisidora que vigila la mano cuchareando entre mariscos en la paila de greda, llevándoselos a la boca con un resto de caldo endemoniado, saboreándose no del caldo, ni de las lenguas sonrosadas o de las conchas entreabiertas, de los ojos alargados que con disimulo miran y la boca tiene hambre para devorar esa sopa, la otra y la mano entera del que come y vigila de soslayo, su boca, que finge no tener tanto apetito de la carne trémula que a su lado tiembla entre limones, pebres y sopa, esperando una mascada. 

7 abr 2012

Sala de espera





Llego puntualmente cada día.

Me quito el abrigo, miro mi rostro en el espejo.

Debo guardar silencio y pensar en lo que he hecho mal y por qué.

Por qué estas piedras son tan pesadas.

Mi torturadora (tía) no llega hasta las 6 de la tarde.

Me deja viendo televisión junto al muñeco

(tiene la vista perdida y mira al cielo como si rezara).

Para limpiarme, dice mi tía, de los malos pensamientos.

Si está aburrida por las tardes arroja dardos y tenedores contra la pared.

Por poco me da en un ojo.

Una vez al año limpia la alfombra de vaca. Hay que sacarla afuera y barrer hasta la extenuación. Para peor, los polvos y partículas le dan alergia. Tose como tuberculosa, prende velas, se afana en coser los objetos con que después me martiriza. (No son piedras, son pesos de metal para colgárselos al cuello). Aguante Santa Rosa de Lima, invoca.

*

El tiempo pasa lento aquí. Y no porque el reloj esté detenido. A veces alguien asoma y pregunta algo. Me siento como una obra, pero viva. No pictures allowed. Parte del tratamiento del terapeuta consiste en dejarnos horas en esta sala para analizar lo que sentimos al ser observados por el público. El paciente, uno, se sienta, y él toma nota.

Recién debe haber venido. Dejó el cigarro apagado y una moneda de 25 centavos. Cómo si con eso fuera a tentarnos, o con los clavos. Alfileres enterrados en la pared, navajas dejadas como por descuido sobre la mesa, tijeras. Puras imágenes filosas como el miedo a perder un órgano o a ser castrados. No sé lo que irá a hacer el doctor (torturador/terapeuta/tía) esta vez. Temo que llene mi piel de alfileres cuando pida que me relaje. Se sienten los pasos de otros secuaces y cómplices. La goma de sus calzados pegándose y despegándose del piso. Con sumo cuidado. La tía gustaba de tejer al crochet y amarrarme a la silla para que yo no anduviera revolviendo en sus inmundicias. Después de mortificarme rezábamos el rosario. Me gustaba cómo las palabras se nos atropellaban en la boca. Después no; le perdí el gusto.

Al muñeco lo quemaron para año nuevo. Les debe haber dolido. Más me dolió a mí. Gasolina, fuego y ya. Se borra la memoria, se borran los traumas. Un mundo de espejos sería mejor, como en el circo. Sin esos instrumentos horrendos. Y asfixiantes. Desearía estar en el Metropolitan, en el templo egipcio que se robaron los gringos, o en el MOMA, en vez de en este laberinto de seres freak y frascos vacíos o con líquidos infestos.

Mi amigo el guardia se entretiene contando sus pasos para un lado y para el otro. Es como un reloj. Me hipnotizan sus pasos y caigo dormida otra vez. La tía me amarraba a la silla con su cinturón viejo. Con un cepillo de dientes de metal me peinaba. Auch!, cómo dolía. Después se ponía a bordar mientras veíamos televisión. Era un ambiente de silencio monástico y apocalíptico, le cuento al terapeuta para que él analice esos sueños tan extraños y vívidos en que caigo en el sillón de su sala de espera, rendida.

Los visitantes me observan dormir. Qué más voy a hacer. El muñeco habla sólo cuando duermo. Al despertar me pregunto dónde estoy. El sueño es mejor que la realidad. No sé si seguir esperando. Soy una obra que estornuda, escribe, cierra los ojos, ronca. Ellos miran asomados a la cortina, se alejan.

Cuando cierro los ojos estoy en una granja, siendo sometida a pruebas mortificantes. Cuando los abro vuelvo a esta habitación igual a la de mi tía, pero en un museo. Me duele el estómago. Los guardias no permitirían que vomite sobre la alfombra de vaca, o en los objetos recogidos de la basura que ahora son arte. Por su ubicación, por el diálogo y tensión que generan al estar unos junto a otros. Por las intervenciones a la que han sido sometidos.

El guardia se aburre más que yo. Me mira y sospecha. Tal vez esta tipa pasaba por aquí y no encontró mejor cosa que venir a dormir, quizás es una desposeída en medio de estos objetos de tortura que ni idea si funcionan o no.

Soñé que era penetrada por penes de metal y de madera.



Alguien entra en la habitación (el público de este sueño, los extras que casi no se atreven a mirar de cerca los objetos, ni a tocarlos). Está más caliente que el infierno al que me voy a ir.

Cierro los ojos y veo la playita del hotel de Vieques, un paraíso sobre la tierra amenazado por la marina estadounidense. Las voces de los guardias resuenan en el laberinto de galerías. Me despiertan.

El solo hecho de estar sentada aquí es mortificante, luchando entre el sueño y la vigilia, entre el resto de cordura que me queda y la aberración de objetos inocuos que torturan solo a la mente.

A veces ella presentaba un juego nuevo: arrancarme cabellos con el tenedor, vendarme la vista y ofrecer aromas agradables o repulsivos hasta que con arcadas le pedía detenerse. Me aterrorizaban esas patas de gallo que dejaba por doquier y que de adulta vuelvo a ver por todos lados. Se me repiten en los sueños y pesadillas en la sala de espera de mi psiquiatra.

Sueño que alguien dispara contra un anillo en mi dedo. El anillo es de mentira, me dicen. Temo ser herida, el anillo tiene un orificio por donde puede pasar la bala (contengo los pensamientos y las ganas de salir gritando de esta pesadilla).

Al entrar en trance veo de reojo el resplandor del fuego en la tv. Marca el límite entre el sueño y la vigilancia a la que soy sometida. Mi tía coleccionaba objetos, era adicta a poseer. Cada año quemábamos un muñeco en año nuevo. El muñeco representaba cosas malas de las que era mejor desprenderse. Mi tía no se desprendía de nada aunque una vez soñé que señalaba un feto para que se lo botara a la basura, le cuento al psiquiatra para que me diga cómo desprenderme de las pesadillas en que la cabeza de él está siendo quemada en el piso. Su rostro.

*


Todo permanece igual. Los frascos vacíos acumulados con la ansiedad de mi tía. Los restos de efigies de porcelana mutiladas. Las patas de conejo, las plumas. Los cabellos que me ha cortado exhibidos en la vitrina. Los espejos que no muestran nada. La acumulación sin precedentes. La vida de los santos a los que mi tía rezaba.

El visitante mira el fuego en la tv. Mi tía casi nunca terminó los mantelitos que tejía a crochet. Analiza lo que sientes y escríbelo, dijo el psiquiatra y es lo que intento. Muebles viejos, gastados, que para mi tía eran baluartes, mudos testigos de cómo laceraba su cuerpo virginal cada vez con mayor ardor para acoplarse con él, Jesús nuestro señor lo llamaba. El desorden de mi tía era inaceptable. Maníaco depresiva, la diagnosticó el psiquiatra a partir de ciertos detalles que le conté.

El pie del muñeco es tan pequeño. Viste ropa vieja. Me aburro hasta la muerte o el sueño. Todo está en orden. Escarbar en una visión es doloroso a veces. Algunos recuerdos los tengo borrados. Mecanismos de defensa, dice el psiquiatra, para avanzar y seguir viviendo. Yo no quiero ser un santo, le decía a mi tía cuando me vestía con esos trajes monacales y me hacía juntar las manos en actitud de rezo con los ojitos entornados a lo Estanislao de Kotska. En voz alta leía ella los castigos que los santos infligían a su carne. Me daba pavor.

30 pasos en una dirección, 30 en otra. Matar al tiempo. (Los guardias de afuera al menos hablan, echan bromas. Aquí no). Cada uno se entretiene como puede. Apretando y soltando compulsivamente la máquina para contar el número de visitantes, 211. ¿Será posible sobrevivir aquí, quedarse con lo puesto y comer la comida del casino?

Soñé que tenía un tenedor enterrado en la cabeza.

Para dormir prefiero el sillón más viejo. Afirmo la cabeza con la mano derecha, el codo en el respaldo. Al despertar pienso que alguien ha venido a sentarse a mi lado. Pero es el muñeco, inmóvil, como siempre.

Sueño que estoy en una estación de tren, bajo tierra.

Qué vergüenza si los visitantes me ven dormir. Se sueña bien aquí. El guardia toma una foto. Sonrío. La visitante se acerca demasiado a la silla en la que estoy sentada. Puedo respirar su perfume amargo. Hay clavos de los que no cuelga nada. Los guardias esperan ansiosos las seis de la tarde. Todo esto tiene un toque muy pasado de moda, pero hay signos del presente: las metrocard.

Un cuchillo carnicero veo al dormir, uno que no está en la sala de mi tía. Despierto cuando el codo se resbala del respaldo. Tres pasos del guardia hacia la derecha, tres a la izquierda. Un salón de sexo como un museo. Zzzzz el sueño me lleva a otras dimensiones, sueño con letras en cada incendio. La pesadilla consiste en no poder dormir. Despierto con tiritones, el codo resbalando una y otra vez. La escritura se convierte en

r

a

y

a

s

v

e

r

t

i

c

a

l

e

s

y horizontales-----------------------------------------------------------------------------------------------

cuando caigo en trance

Sube y baja, salta en la palma de su mano el contador de visitas, mientras él se pasea de un lado al otro para evitar malos sueños. El cuerpo del muñeco es de cojín. La carne de yeso pintado. Orejas y nariz modeladas en el mismo material. Boca, cejas, barba y cabellos pintados en colores más oscuros. La del perfume amargo ha vuelto para mirar más de cerca los objetos y frascos con los que querría decorar su casa. Poner el tenedor con el que comió tallarines clavado a la pared. Colgar de su cuello esos metales pesados. Peinarse con cepillo de clavos hasta hacer su cuero cabelludo sangrar.

La tía leía revistas pornográficas para excitarse y luego, según ella, aplacar el mal con azotes. También me hacía verlas. Los santos, probablemente, eran unos grandes pecadores. Sentían placer extremo al provocarse heridas o introducirse objetos contundentes por el culo. Quería que yo fuese un santo y en parte lo soy. Sólo que no creo en Dios. Soy escéptica. ¡Ascético!, gritaba ella con lágrimas en los ojos. Escéptica le respondí cuando tuve uso de razón y huí de ella y sus hábitos de solterona pechoña. Me sigue gustando tejer al crochet, cómo no, coser a máquina y como ella de vez en cuando lacerar mi carne por puro placer. A mí no me vengan con cuentos. Aunque si el Señor quisiera poseerme cómo me llenaría de gozo y devoción. El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu.

Por Alina Reyes, escritora invitada a crear un texto de ficción en torno a Chambers of Delights, instalación que Juan Betancurth presentó en el Museo del Barrio como parte de la Bienal The (S) Files.

15 sept 2011

besos con lengua

al fondo de tu lengua hay un lago y una brisa y un bosque y un cielo convulsionado, al fondo de tu lengua hay un abismo y no me importa, al fondo de tu lengua está otra vez tu lengua, pero apenas alcanzo a sentirla se resbala y me llega un soplo de la brisa, del olor de bosque, la frescura del lago, la sombra de las nubes, apenas el roce de las papilas gustativas y no alcanzo, no puedo, no llego a sorber saliva sin saber si es tuya o mía

14 ago 2011

dificultades a la hora de escribir

falta de espacio
desorden, dispersión, fútbol a altos vólumenes, roedores, dos cucarachas en la despensa, proyectos múltiples, vino, comida en exceso, lluvia, vida en exceso.
escribir cuando se puede y cuando se quiere, falta de planificación, falta de un fin en sí mismo, falta de ambiciones
faltas
delitos cometidos a cualquier hora del día, por error, vagancia o aburrimiento
en la zona cero, alrededor de la nada. un espiral de ruinas posmodernas que amenazan con borrarse a sí mismas
otras ruinas (futuras), dar vueltas alrededor de la nada a cualquier hora de la noche y la luna lo único real. dar vueltas alrededor del futuro y el pasado pasa
pasadizo de trajes y corbatas, zapatos negros de cordones a gran velocidad, gente mirando hacia arriba mientras camina hacia abajo, al subsuelo
exceso de roedores y de avisos publicitarios, exceso de consumidores alrededor del vacío
exceso de vacío

23 jun 2011

printing the libro

A mano, en dos impresoras distintas que no dan vuelta la hoja en forma automática, con tintas robadas, sin fumar para no distraerme, sin creerlo ni entender por qué he dilatado tanto este momento, con los nuevos cambios que le haré al libro en mente para después (en una edición futura), con fe y con música, con velas mejor para que ellos estén conmigo, y fumando porque hay y no se puede sino...Por fin!!!!

19 jun 2011

A lo pueta

Querido Toño:

Petipelado, fríes ajo, cebollas. Tintolio empinas con el codo dominguero. Rumor de olas, a lo lejos. Cuchara de palo revuelve también el asalto de anoche en Valparaíso, metamorfoseándolo para tecleo posterior, ¿me equivoco?

Por su parte, tecleo paralelo frente a pared de ladrillos; si el escribiente se levanta y mira hacia su izquierda verá el Hudson con sol otoñal cayéndole encima. Cosas raras, Pacheco. Aquí zapallos en flor de sopa, pasta verde, helados derritiéndose del frío. Desde que pegué las hojas del manuscrito en la pared no he pegado ojo. Las anotaciones en tinta roja aumentan…cada mañana brota una nueva indicación que sin coincidir en lo más mínimo con mi criterio (consciente), aporta luz al texto. ¿Te das cuenta Té de jazmín? Han regresado las pesadillas: páginas y páginas leídas en voz alta al momento de ser escritas; una ola las borra por completo, el despertar. ¿Será que escribo dormida? ¿Será que otros escriben mi sueño y yo les robo?

Patipelada en domingo espero tus recetas: ajíes en conserva y pez con agallas a lo pueta. Salud!

Alina

17 jun 2011

técnicas de despedida

abrazo y media vuelta
no mirar atrás

9 may 2011

insectario

En la piel se intersecta la ruta de animalejos diminutos, te confunden con muro tal vez, con tierra, con agujeros, y caminan trabajosamente a lo largo de tu geografía sin encontrar más alimento que el rojo aliento de tu vida. Compiten por quién bebe más, quién es el más furibundo chupador de venenos, recuerdos y sabias que te recorren.

Los insectos internándose en la piel, anexándola a sus inexorables rutas, marcando cada tramo con señales inalcanzables al ojo humano, inexactas. Alguien se encarga de transcribirlas en un tablero con los horarios de aquel micromundo.

Planeto rojo. 9am. Bienvenidos turistas, los trataremos intensamente, con un cuidado puntilloso y agudo (como nuestros dientes de hormigas, oh, perdón eso es un error que no debió salir en los anuncios)

Dulce de cada día. 11 am. No molestar. Do not disturb. Abejas obreras trabajando, no insistir, ya se lo advertimos, estaremos alertas con nuestras lancetas por si volvemos a verlo por acá.

(Palenque, agosto 2010)


6 abr 2011

Sleepwalkers

Tal vez porque el transeúnte está medio dormido:
—What are you doing?
—What is your problem?
—I thought you were a cop or something like that
—No
Y no lo parezco para nada, con abrigo verde y gorro de lana.
Estoy frente al MOMA y tomo nota de la intimidad de ciertos personajes urbanos proyectados en las paredes. Gente que parece solitaria. Mientras fuera de pantalla los vehículos, la gente, los ruidos de Manhattan, la soledad.
Escenas íntimas y por lo mismo, conmovedoras.
Un hombre durmiendo, los detalles de su respiración levantando la colcha de la cama.
Los dedos de una mujer acariciando la superficie de una pecera, una bailarina girando inútilmente, la verticalidad de los edificios.
Doug Aitken nos obliga a levantar la vista y ver la ciudad de una forma distinta —con el mismo vértigo al que ya estamos acostumbrados—. Cierto juego con las líneas verticales, el vértigo del agua cayendo o de alguien mirándose al espejo.
La coincidencia en dos vidas paralelas, dos hombres de distintos filmes que pueden coincidir a la hora de mirar por la ventana, verse al espejo, beber agua, o simplemente estar bajo el mismo cielo. ¿Coincidencias?
No, Aitken intercala espacios y hace a distintos personajes parecer el mismo en situaciones cotidianas de un día de sus vidas. Alguien viaja en bicicleta, todo gira y nosotros —los espectadores— vemos todo girar desde el estacionamiento del MOMA. Un hombre es negro y viaja en metro. El otro es blanco y se transporta en bicicleta. Ambos parecen confundirse en la ciudad, en medio de tanto tráfico y tantos edificios. Las imágenes filmadas por Aitken en un tiempo y espacio determinado, semi ficcionadas, dialogan con espacio y tiempo reales de la vida urbana.
Del Rockefeller caen los copos de nieve proyectados en la realidad. Los taxis en la pantalla contrastan con los vehículos reales. Los relojes con nuestro propio transcurrir puesto en duda.
Arte para todos los caminantes adormecidos.

(Notas enero del 2007)

20 dic 2010

Bed bugs and beyond

Hay bugs en la bed
pero beyond qué
Beyond su cuerpo desnudo frente a la tv,
en posición horizontal.
Beyond qué
Beyond la luna llena
y nosotros, que antes la esperábamos aullando,
ahora indiferentes. Nos une el temor
a quedar solos
en la cama infesta de bed
bugs. And beyond qué
La luna de miel qué
Las lenguas penetrando cada rincón
de nuestros cuerpos qué
Beyond voy tras él
voy en bus vas ves
vagando por cualquier calle voy
sola, y él en casa lleno de bed
bugs, sin mí para observarlo
aniquilándolos con el dedo
y tráeme papel confort please

13 jul 2010

roland barthes tenía razón

Te odio
te amo
no puedo vivir sin ti
te esperé tanto tiempo
no te mentí
fue un error
de cálculo
un malentendido
no quise hacerlo
eres el amor de mi vida
mi razón
lo que has dicho
no tiene sentido
es inverosímil
no me lo trago,
es lo que necesitamos
un trago
cerremos los ojos y hagamos de cuenta
que nada ha sucedido
volvamos a acariciarnos y olvidemos
cada una de las mentiras
que nos hirieron
cada una de las verdades
el tiempo y su transcurso
amargo

Despidámonos frente al mar
en la rueda de la fortuna
mirando de lejos la ciudad
que nos vio alejarnos
con un beso salado
Pero es verdad, créeme
te he amado cada minuto
si te mentí no quise hacerlo
no he tenido tiempo
de pensar
La rueda da vueltas
y la fortuna tal vez cambie
todo puede ser
sí, tienes razón
despidámonos
a la orilla del mar
no más promesas
falsas

Qué será de mí,
dónde viviré
No habrá más eclipses
de sol
ni de luna
Lloraré frente a árboles
a los que no subimos
en situaciones incómodas
frente a desconocidos
en lugares equivocados
A quién le haré sus comidas favoritas
quién me dirá te amo al dormir y al despertar

7 jul 2010

ya

ya no soy yo, ya no he sido, largo tiempo dejando señales blancas en las paredes, páginas gastadas de tanto escribirse y borrarse, al amor lo he tenido en la palma de mi mano, picoteándome, lo he tenido y no quise cerrar el puño para no matarlo, y entonces ahora le digo, le hablo, le explico, que no, que no puede ser, que no puede quedarse instalado en mi mano, porque así no podemos movernos, ni crecer, así va a doler como una estaca clavada de lado a lado de la piel, de lado a lado del hueso, la sangre, los músculos, así no va a poder ser le digo, pero él se queda quieto y me mira, no lo insulto, porque no puedo, tampoco sé mentirle, quizás callar simplemente y desear que se me quite

30 ene 2010

hielo

elisa ice, originally uploaded by carolinastar.



Foto: Carolina Peñafiel

21 ene 2010

de utilidad pública

Esta página es milagrosa, así que una vez más recurro a ella. Pero, primero voy a encender velas, ahora vuelvo...A través de este sitio he desenrollado un hilo que a veces se enredaba mucho, tal vez demasiado, por cierto sin que el trazado perdiera su zigzagueo. Aquí he encontrado inspiración, apoyo, ánimo para perseverar en la aventura de escribir, desescribir, armar, desarmar, borrar, tarjar, desechar, rescribir un libro, ¿se entiende? En el camino han aparecido amables lectores que han ofrecido el hombro, sus comentarios, y a veces incluso un lugar para escribir. Ahora estoy casi al final de la ruta y espero que suceda el milagro de algún lector con casa aquí cerca de nueva york que la ofrezca prestada para terminar mi libro. Los mantendré informados de qué suceda.

1 oct 2009

planes


pasar el invierno 
calientita
adornar la casa
regar 
la única planta
invitar a un macho 
que tenga taladro
comprar pescado 
en chinatown
escribir mucho
colgar 
los dos cuadros, 
el espejo, las lámparas
el teléfono
sacar 
la bici de la sala
-habitación-escritorio
traer 
las pertenencias del storage
ir al laundry 
porque ya no hace gracia 
andar con traje de baño por la vida