
29 oct 2005
nuevo aviso

24 oct 2005
verde
dos kiwis.
jugo de manzana, melón y alfalfa.
sopa de plátano y brócoli aprendida de la amiga boricua.
té Kombucha descubierto en casa del hombre que conoció en la calle, de hecho llevaba una cazadora del mismo color que el té, con capuchón, le preguntó en inglés su nombre, dijo necesitar saberlo porque escribía canciones tras disculparse por estar muy borracho, a ella le pareció amable y más tarde guapo, más aún cuando al abordar el taxi rumbo al bar en el que él pidió sumarse dijo necesitar una mujer que hablara español, que lo daría todo a cambio, que ganaba dinero, mami yo pagó el taxi, jajaja, no soy tu mamá, más aún cuando al bailar en el bar de moda pudo sentir los músculos de los brazos y pecho, el aliento muy cerca de su boca, más tade los besos, y no le importó que el tipo estuviera a punto de caer, que insistiera en extraviar cazadora y celular, que jugaran a encontrar sus pertenencias, ni el recuerdo del consejo de una amiga referente a que no hallaría un hombre que valiera la pena en los bares, pero finalmente quién soy yo para juzgar a quienes se propasan en las copas, se dijo, tal vez después de todo le gustaban los borrachos, eran su debilidad, no le importó nada de esto y sintió la curiosidad de ver el resto de los dibujos que se iniciaban en el hombro izquierdo y que prometían extenderse al resto del cuerpo. Cariño, soy un hombre decente, trato de comer sano, hago yoga todos lo días, trabajo mucho, prácticamente no bebo, nado por las mañanas, pudo entender que balbuceaba. Dijo ser venezolano y temía estar perdiendo la lengua. En la escalera desvencijada repitió que estaba muy borracho, que se comportaría como un gatito, que otra noche sería un tigre.
La mañana siguiente oímos llover desde su cama comprada la semana anterior, mami, serás la primera en estrenarla y eso no se olvida, había prometido antes de iniciar periplo en un nuevo taxi por las calles de Brooklyn rumbo a su apartamento. ¿Todas las chilenas son tan dulces?, preguntó mientras nos abrazábamos para combatir el frío. No sé, yo soy más bien ruda. ¿Sabes cocinar?, prosiguió, jaja ¿por qué? ¿estás buscando alguien que cocine? ¿Y tú dejas tu ropa tirada?, inquirí a la vez. Quedó acostado, con resaca, pasó dos billetes verdes para el subway, paseé descalza por el departamento semi vacío que hace dos semanas comparte con su gato, miré por la ventana, ya no llovía, escribí mi teléfono en una postal encontrada la noche anterior en que figura el puente de Williamsburg. Ensaladada de espinaca, lechuga, aguacate, alfalfa, un poco más de jugo. ¿Habrá llegado por el aviso? Tres pastillas de espirulina. ¿Llamará?
jugo de manzana, melón y alfalfa.
sopa de plátano y brócoli aprendida de la amiga boricua.
té Kombucha descubierto en casa del hombre que conoció en la calle, de hecho llevaba una cazadora del mismo color que el té, con capuchón, le preguntó en inglés su nombre, dijo necesitar saberlo porque escribía canciones tras disculparse por estar muy borracho, a ella le pareció amable y más tarde guapo, más aún cuando al abordar el taxi rumbo al bar en el que él pidió sumarse dijo necesitar una mujer que hablara español, que lo daría todo a cambio, que ganaba dinero, mami yo pagó el taxi, jajaja, no soy tu mamá, más aún cuando al bailar en el bar de moda pudo sentir los músculos de los brazos y pecho, el aliento muy cerca de su boca, más tade los besos, y no le importó que el tipo estuviera a punto de caer, que insistiera en extraviar cazadora y celular, que jugaran a encontrar sus pertenencias, ni el recuerdo del consejo de una amiga referente a que no hallaría un hombre que valiera la pena en los bares, pero finalmente quién soy yo para juzgar a quienes se propasan en las copas, se dijo, tal vez después de todo le gustaban los borrachos, eran su debilidad, no le importó nada de esto y sintió la curiosidad de ver el resto de los dibujos que se iniciaban en el hombro izquierdo y que prometían extenderse al resto del cuerpo. Cariño, soy un hombre decente, trato de comer sano, hago yoga todos lo días, trabajo mucho, prácticamente no bebo, nado por las mañanas, pudo entender que balbuceaba. Dijo ser venezolano y temía estar perdiendo la lengua. En la escalera desvencijada repitió que estaba muy borracho, que se comportaría como un gatito, que otra noche sería un tigre.
La mañana siguiente oímos llover desde su cama comprada la semana anterior, mami, serás la primera en estrenarla y eso no se olvida, había prometido antes de iniciar periplo en un nuevo taxi por las calles de Brooklyn rumbo a su apartamento. ¿Todas las chilenas son tan dulces?, preguntó mientras nos abrazábamos para combatir el frío. No sé, yo soy más bien ruda. ¿Sabes cocinar?, prosiguió, jaja ¿por qué? ¿estás buscando alguien que cocine? ¿Y tú dejas tu ropa tirada?, inquirí a la vez. Quedó acostado, con resaca, pasó dos billetes verdes para el subway, paseé descalza por el departamento semi vacío que hace dos semanas comparte con su gato, miré por la ventana, ya no llovía, escribí mi teléfono en una postal encontrada la noche anterior en que figura el puente de Williamsburg. Ensaladada de espinaca, lechuga, aguacate, alfalfa, un poco más de jugo. ¿Habrá llegado por el aviso? Tres pastillas de espirulina. ¿Llamará?
21 oct 2005
sano juicio
una vez en la corte, con ojeras y sin haber alcanzado a tomar una ducha, el primer rostro familiar es el del hombre al que no podían tomar las huellas digitales. Ah, dice con rostro de alegría, nunca supe qué hiciste. Robar, respondí, unas ropas, porque no tenía dinero para comprarlas. Todos hacemos eso alguna vez, dijo. ¿Y tú?, ¿sigues gritando en los autobuses? Rió, nos despedimos. Tomé asiento en las bancas de madera a esperar el turno con el juez. No pedí traductor. Fui condenada a cumplir un día de trabajo comunitario y a pagar 75 verdes.
En la espera para fijar el día para efectuar el trabajo un hombre negro gritaba en spanglish que pronto iría a buscar su medicina. Acababa de cumplir cinco años de condena y debía realizar diez días de trabajo obligado. Tráfico de drogas, dijo. ¿Se ve mucha droga en la cárcel? Mucha y de todos tipos, más incluso que en la calle, reconoció. ¿Y quiénes las venden? , ¿los policías? Movió la cabeza de arriba abajo, sonriendo. ¿Y qué vendías?, quise saber cada vez más curiosa. Marihuana, heroína, crack. Ah, yo sólo le hago a los verdes. Pues, entonces espera y nos fumamos algo por ahí. ¿Pero y si nos descubren y tenemos que hacer más trabajo comunitario? No pasa nada, dijo. ¿Y de dónde la sacaste?, preguntó mi voz más entrometida. De adentro, me la tragué y ahora debo vomitarla. Ah! Una vez en la oficina fui citada a jardinear en el Battery Park, llegando a las 7.30am, al menos queda a la orilla del río y mirando hacia la estatua de la libertad, me dije, bonita quimera. Sentado en otra oficina, el hombre negro hizo señas para que lo esperara, dijo que tenía algo muy bueno, pero la parte más juiciosa de mí decidió que lo mejor era salir lo antes posible del edificio.
En la espera para fijar el día para efectuar el trabajo un hombre negro gritaba en spanglish que pronto iría a buscar su medicina. Acababa de cumplir cinco años de condena y debía realizar diez días de trabajo obligado. Tráfico de drogas, dijo. ¿Se ve mucha droga en la cárcel? Mucha y de todos tipos, más incluso que en la calle, reconoció. ¿Y quiénes las venden? , ¿los policías? Movió la cabeza de arriba abajo, sonriendo. ¿Y qué vendías?, quise saber cada vez más curiosa. Marihuana, heroína, crack. Ah, yo sólo le hago a los verdes. Pues, entonces espera y nos fumamos algo por ahí. ¿Pero y si nos descubren y tenemos que hacer más trabajo comunitario? No pasa nada, dijo. ¿Y de dónde la sacaste?, preguntó mi voz más entrometida. De adentro, me la tragué y ahora debo vomitarla. Ah! Una vez en la oficina fui citada a jardinear en el Battery Park, llegando a las 7.30am, al menos queda a la orilla del río y mirando hacia la estatua de la libertad, me dije, bonita quimera. Sentado en otra oficina, el hombre negro hizo señas para que lo esperara, dijo que tenía algo muy bueno, pero la parte más juiciosa de mí decidió que lo mejor era salir lo antes posible del edificio.
19 oct 2005
chocolates

Cinco máquinas, un amigo que acaba de separarse y un tipo simpático que no tiene mucha ropa pero la cuelga respondieron al aviso. El primero cree que el amor es posible con una máquina contestadora. El segundo pregunta si quiero conocerlo. Creo que sí, pero actualmente me encuentro en la clandestinidad, de incógnita en un país extranjero, con gafas en un novela policial, anónima. ¿Debo considerar un fracaso que las máquinas quieran casarse conmigo o un triunfo porque todo cobra más sentido?
La lectora secreta extrañamente escribe y escribe. Ahora es ella quien demanda mis historias.
Al amigo pintor no pareció gustarle que comparara su performance con una masturbación. Sin embargo, no quise vulgarizar su acto poético
Por qué la interpretación se vuelve tan compleja? No puedo escribir más, si ingiero otro chocolate tendré dolor de estomágo.
12 oct 2005
J train
las metas del día eran cumplir el ayuno autoimpuesto y cambiar las tarjetitas de HyM por el dinero que falta para la renta. razón que me obligó a salir de casa desafiando el frío y pasear con el sonar de tripas y sin hacer caso a la amenaza de bomba que podría estallar en el tren subterráneo. ánimo, me dije, resiste, lo que no mata fortalece, y otras frases hechas. sería tan fácil quejarse o derramar un lagrimón. pero escribo, entonces soy afortunada. el precio es la incertidumbre.
eyesore
el dolor de ojos del que habló el viejito puertorriqueño que entrevisté en un jardín comunitario del bronx, para explicar cómo era su barrio en los 70, cómo mismo es en parte ahora, cómo es el centro de la ciudad con su zona cero, etcétera.
Down town y el propio desvarío, el punzazo en la pierna que pronto se convertirá en marca o trofeo por haber brincado en el subway.
eyesore
el dolor de ojos del que habló el viejito puertorriqueño que entrevisté en un jardín comunitario del bronx, para explicar cómo era su barrio en los 70, cómo mismo es en parte ahora, cómo es el centro de la ciudad con su zona cero, etcétera.
Down town y el propio desvarío, el punzazo en la pierna que pronto se convertirá en marca o trofeo por haber brincado en el subway.
10 oct 2005
aviso

Pese a no estar de acuerdo con el matrimonio necesito urgentemente un hombre que acepte casarse conmigo y trabaje mientras permanezco en casa escribiendo, también puedo cuidar las plantas y preparar la comida. Es verdad que tengo algunos kilitos de más, me he puesto algo mañosa y además soy feminista, o sea no me hacen gracia los chistes misóginos ni que me toquen el culo para jactarse con los amigos, no soporto que ronquen ni que dejen la ropa tirada ni que no laven platos o sean amargados.
Y tú, ¿te casarías conmigo?
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