qué egoísta pensamiento, pero es la verdad. no sé por qué en esta ciudad uno se agota tanto con las visitas. aunque se difrute con ellas, al despedirlas respiramos profundo con ganas de volver a nuestro mundo privado, en lo que estábamos que ya casi se nos olvida con la pausa involuntaria. aún así recuerdo una cita de Cortázar en Ultimo round -libro que alguien me perdió-, sobre cocinar lo que se escribe con todo los que rodea el acto, interrupciones incluidas, interrupciones quizás más importantes que el caminolínearecta y el no querer ver a nadie como un mandato que uno mismo desobedecerá al menor descuido.
ganas de islas solitarias
ganas de no tener que andar vestido
ganas de no tener que andar ni hablar ni contar el tiempo por relojes calendarios
ganas de olas en los pies descalzos
ganas de tierra no firme
(última foto tomada con mi cámara que le robaron a mi último visitante)