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30 jun. 2008

noches de verano

Decido huir. En realidad voy a tratar de encontrarme, porque como me cantaba un amigo al teléfono "no me hallo". Traté de encontrar la letra de la canción de El personal, pero -al igual que otras cosas- tampoco la pude hallar. La ciudad se pone mejor ahora que sabe le daré un paréntesis, es por eso justamente que ofrece su mejor cara. Me regala luciérnagas, me regala amigas que ofician de chamanas y desempolvan poemas nuevos y canciones. Una de ellas abre su estuche mágico en el Central Park, de ahí salen voces, guitarras, vino, polvito de hongos, árboles, olor a tierra, y una escalera que hace el papel de templo. Del estuche mágico sale también un chico que me regala una canción de Puerto Rico, y cierta electricidad que olvidaba cada vez que se acerca. Nos fugamos al bosque urbano y efecto de los hongos no es necesario desvestirse para sentir su cuerpo abrazando a un árbol y a mí a la vez. Sólo me distraen el tipo fumando crack a escasos metros de nosotros, los habitantes nocturnos que vuelven a su morada al aire libre a estas altura de la madrugada, también las historias de mujeres violadas en el central park. Es mejor cerrar los ojos, sentir los músculos de su cuerpo, sus manos, sus movimientos, y dejar salir mis gritos, risas y orgasmos vegetales, gentileza del verano en Nueva York.

4 comentarios:

pablo dittborn dijo...

hey,lean el MAL HUMOR!!!

patricia dijo...

Te vas de la city?
Te tengo que escribir un email laaargo. Aqui tambien estan pasando muchas cosas...

edmaris dijo...

Me he estado preguntando en estos días, si sólo soy yo o si es una cuestión generalizada por el calentamiento o los polvos desérticos o un tránsito en Plutón o la fase de la Luna, pero todos buscamos una razón para huir y muchos huyen al lugar del que otro está huyendo

Marcelo Munch dijo...

"Huir", del latín "Fugìre", marcharse precipitadamente de un sitio por temor...
Habrá que ver qué tanto de temor hay verdaderamente, en estos tiempos en que a todo se le teme y nada más distingue... y habrá que ver que tanto de búsqueda es lo que en realidad anhelan nuestros pies, aunque nadie se dé el tiempo de pensarlo así.
A lo mejor ya perdimos la capacidad de diferenciar entre acción y movimiento.

Saludos de lector