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9 jul. 2008

yolotuve

Tiempos posmodernos, un ligue con alguien y los text messages para conseguir el fono; llega el número junto con el nombre y apellido. La labor de detectives ya no es seguir al sujeto en cuestión por las calles o su rastro, aunque el rastro lo seguí sin éxito y con nervios -ya que me había vuelto el cuerpo al alma-. No, ahora no es necesario salir, sino dar un googlazo, y ahí aparece igual de guapo como lo recordaba, con la voz algo más desafinada y un poco más engreído en youtube. En su perfil pone que le gusta jugar con sus niños y que en nueva york ha encontrado de nuevo el amor, que la quiere con locura a su baby no sé cuántos -da el nombre-. Pero el que acecha es a la vez acechado -al menos la paranoia genera ese efecto-. Hoy vuelvo a dar el mismo google, y ya el perfil ha cambiado, ahora dice que como había mencionado antes ya encontró a su amor y que lo siente chicas, pero no está aceptando aplicaciones. Y yo que no pensaba aplicar sino enviarle mi mensaje naif: "Todos los días paso por el Central Park. Los árboles te mandan saludos". Apreto send y nadie me impide hacerle llegar esas dos frases escritas para él. Se me quitan los nervios y me río de mi chascarro. En sus fotos de myspace aparece posando en el Central Park con distintas chicas, como haciéndome burlas. Luego cobra protagonismo y aparece sólo él, haciendo pesas y enseñando el torso desnudo. A ratos le veo la misma cara de perversión que le vi cuando en el parque me enseñó su miembro -grande y ancho, debo reconocerlo- y trataba de retenerme con una mano pidiendo que se lo succionara. Yo salí corriendo y muerta de la risa, porque no pensaba terminar revolcándome en el Central Park en medio de los habitantes nocturnos y del tipo fumando crack a un metro, con un desconocido. Por lo demás mi hambre había sido saciada.

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