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16 nov. 2008

palabras

ahora juego a recoger piedras a la orilla de la playa
-mi playa secreta que en algún lugar espera por mí.

ahora no sé, aprendo de nuevo. tengo un lector, dice que le gusto yo la real, la de detrás de la máscara (¿cuál?), no significa que vaya a llevarme a la cama. es divertido, podría llevarlo yo, la cama es un lugar para tantas cosas, ver una película, hablar de la vida, sentarse a hacerla rechinar. nada de que lo veo al despertar es mío, empezando justamente por la cama, el sillón rojo, el televisor, el librero, la blancura de las paredes, el escritorio, el cuadro del gato negro, nada, ni siquiera la ciudad que asoma por la ventana. míos los manuscritos pegados en los muros, rayados con rojo, confundidos con los sueños dormida y despierta. la cama que no es mía es chiquita, alguien la cortó en dos (el dueño), le pusieron los cuernos y se enfadó, decidió tomar un serrucho o mandarla a una mueblería, y convertirla en dos. yo duermo en una, parece de niño, tiene toda una carga mi cama unipersonal a fuerza; apenas cabrían dos. para lo otro preferiría el sillón rojo, las sillas, la alfombra. pero no se puede a través del papel, el juego es otro. (construyo laberintos con las piedritas que me trae el mar).

3 comentarios:

Anónimo dijo...

el mar

gerardobasabe dijo...

Hola Alina.Muy buenas tus fotografias y tus relatos tambien.un abrazo.chau.

juanmapu dijo...

las camas también sirven para recibir los abrigos de los invitados a las fiestas.