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22 feb. 2009

La librería de los escritores

Toda la noche de fiesta se me clavan los ojos en el libro pequeño de Juan M, lo toco, papeles blancos, suaves y precisos, igual que las palabras, letra tamaño perfecto. La historia de una librería en Moscú a principios de siglo XX, La librería de los escritores, leo entre baile y baile, en el baño, escondida en un sillón, me enamoro de la historia de esa cofradía de escritores que desafiaron toda lógica para nutrirse ellos mismos, nutrir al resto y al mismo tiempo sobrevivir en tiempos duros, difíciles, absurdos, compraban libros que no podrían vender sólo por ayudar al coleccionista derrotado por la pobreza, ayudaban con dinero a los escritores para que no perecieran de hambre, vendían a precios accesibes y también dejaban de vender porque no era lo más importante el lucro, decidieron ante la inexistencia de publicaciones, sacar una colección de libros manuscritos de los autores que los rodeaban, encuadernados a mano, no tenían calefacción, leían casi con los dedos congelados, recibían gente que venía a charlar. Entre baile y baile me encuentro estas palabras que me identifican:

"Y por las noches yo misma erijo
puentes y palacios.

¡No oigas las palabras que pronuncio!
vanas palabras de mujer
Yo misma, siempre, al amanecer
mis creaciones destruyo"

(Marina Tsvietaieva)


No me voy de la fiesta hasta que termino de leer el libro. Soy casi la última en retirarse. El dueño de casa (y del libro) duerme.

1 comentario:

juanmapu dijo...

Por varias razones lo llevé a casa. Una era que su alto precio tenía que pasar por el valor sentimental que debía tener. Acerté. Otra razón fue la prosa. Tercero es que me gusta leer sobre cosas semejantes a lo que vivo así no tengo que mirarme al espejo.