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19 feb. 2009

llorar en bibliotecas (en espacios públicos en general)

Olvidé agregar que cuando estaba llorando en la biblioteca me encontré con un conocido, alcancé a verlo desde lejos entre los anaqueles de libros, a limpiarme las lágrimas y a voltear la cara para que no me reconociera. Volví a la lectura, justamente apareció un cuento que él había escrito sobre un tipo medio mareado de tanto andar en la biblioteca, se encuentra con un gato que le hace recordar al que él tiró del balcón siendo niño por envidia de una vecina que venía a hacerle cariños al gato y no a él y por culpa de la cual la mamá lo encontró masturbándose detrás de la puerta de la cocina y le pegó un cachetazo. Me fui de la biblioteca, pasó el día, y en el subway bien tarde retomé mi libro dejado hace días y de pronto lo cerré y dejé que unos lagrimones hicieran lo que querían, salir. Entonces comprobé que dos hombres con sus respectivos libros en la mano me miraban. Estás bien?, preguntó uno. El otro quiso hacer la misma pregunta, pero empezó mejor por consultarme sobre mi libro y ensayar su español aprendido en la Unidad Popular en el Chile de Allende. Me bajé, aún quedaba largo camino a casa. En el segundo tren volví a coincidir con el que me preguntó si estaba bien, mismo vagón, mismo asiento. Me pasó un poema que había escrito mientras me veía llorar, qué divertido, le dije, yo siempre escribo en el metro, pero primera vez que alguien escribe sobre mí. Soy inmigrante, le dije, igual que tú, y a veces lloro no de tristeza necesariamente, la energía de la gente se siente fuerte aquí, o de pronto extraño a alguien a quien quiero, o qué se yo. Lo mismo me pasa, dijo, el otro día se subió un niño a pedir monedas, yo le di y luego me quedé llorando. Ah, le dije yo, es bueno saber que no soy la única que gusta de llorar en los espacios públicos. Me dio el poema, escrito en turco, taducido por él al inglés y que ahora yo retraduzco al español:

Por qué estás llorando!
Tristes, delgadas lágrimas caen desde tus ojos sin cambiar su ruta
debido a la suavidad de tu rostro
Qué hermosa eres llorando
Sé que no son los ojos,
el alma llora,
Sé que las mujeres aman llorar
Pero cómo es hermoso,
pero cómo es duro
Pero no puedo entender
Por qué estás llorando?

2 comentarios:

sinseso dijo...

hola
se ve lindo el azul

patricia dijo...

jurrrr, que historia más guay, elisa, estoy echando de menos la ciudad y a ti tambien.
Un beso.