Follow by Email

24 feb. 2009

Tlatelolco

Three Cultures Square

Tlatelolco nights
Tlatelolco mornings
Tlatelolco birds
Tlatelolco running through the ruins, I show you the spirals, my favorite design, no pictures, no words, death surround us, embracing us. Blood, a lot of blood mixed with the air, within the cemented ground, Tlatelolco juices, carrot you, nopal me, kisses in Tlatelolco, farewell.


Plaza de las Tres Culturas

Tlatelolco noches
Tlatelolco madrugadas
Tlatelolco pájaros
Tlatelolco corriendo entre las ruinas, te muestro las espirales, mi diseño favorito, ni fotografías ni palabras, muerte abrazándonos, rodeándonos. Sangre, mucha sangre confundida en el aire, en el piso de cemento, los jugos de Tlatelolco, zanahoria tú, nopal yo, besos de Tlatelolco, despedida.


(Ciudad de México, 2008)

22 feb. 2009

La librería de los escritores

Toda la noche de fiesta se me clavan los ojos en el libro pequeño de Juan M, lo toco, papeles blancos, suaves y precisos, igual que las palabras, letra tamaño perfecto. La historia de una librería en Moscú a principios de siglo XX, La librería de los escritores, leo entre baile y baile, en el baño, escondida en un sillón, me enamoro de la historia de esa cofradía de escritores que desafiaron toda lógica para nutrirse ellos mismos, nutrir al resto y al mismo tiempo sobrevivir en tiempos duros, difíciles, absurdos, compraban libros que no podrían vender sólo por ayudar al coleccionista derrotado por la pobreza, ayudaban con dinero a los escritores para que no perecieran de hambre, vendían a precios accesibes y también dejaban de vender porque no era lo más importante el lucro, decidieron ante la inexistencia de publicaciones, sacar una colección de libros manuscritos de los autores que los rodeaban, encuadernados a mano, no tenían calefacción, leían casi con los dedos congelados, recibían gente que venía a charlar. Entre baile y baile me encuentro estas palabras que me identifican:

"Y por las noches yo misma erijo
puentes y palacios.

¡No oigas las palabras que pronuncio!
vanas palabras de mujer
Yo misma, siempre, al amanecer
mis creaciones destruyo"

(Marina Tsvietaieva)


No me voy de la fiesta hasta que termino de leer el libro. Soy casi la última en retirarse. El dueño de casa (y del libro) duerme.

19 feb. 2009

llorar en bibliotecas (en espacios públicos en general)

Olvidé agregar que cuando estaba llorando en la biblioteca me encontré con un conocido, alcancé a verlo desde lejos entre los anaqueles de libros, a limpiarme las lágrimas y a voltear la cara para que no me reconociera. Volví a la lectura, justamente apareció un cuento que él había escrito sobre un tipo medio mareado de tanto andar en la biblioteca, se encuentra con un gato que le hace recordar al que él tiró del balcón siendo niño por envidia de una vecina que venía a hacerle cariños al gato y no a él y por culpa de la cual la mamá lo encontró masturbándose detrás de la puerta de la cocina y le pegó un cachetazo. Me fui de la biblioteca, pasó el día, y en el subway bien tarde retomé mi libro dejado hace días y de pronto lo cerré y dejé que unos lagrimones hicieran lo que querían, salir. Entonces comprobé que dos hombres con sus respectivos libros en la mano me miraban. Estás bien?, preguntó uno. El otro quiso hacer la misma pregunta, pero empezó mejor por consultarme sobre mi libro y ensayar su español aprendido en la Unidad Popular en el Chile de Allende. Me bajé, aún quedaba largo camino a casa. En el segundo tren volví a coincidir con el que me preguntó si estaba bien, mismo vagón, mismo asiento. Me pasó un poema que había escrito mientras me veía llorar, qué divertido, le dije, yo siempre escribo en el metro, pero primera vez que alguien escribe sobre mí. Soy inmigrante, le dije, igual que tú, y a veces lloro no de tristeza necesariamente, la energía de la gente se siente fuerte aquí, o de pronto extraño a alguien a quien quiero, o qué se yo. Lo mismo me pasa, dijo, el otro día se subió un niño a pedir monedas, yo le di y luego me quedé llorando. Ah, le dije yo, es bueno saber que no soy la única que gusta de llorar en los espacios públicos. Me dio el poema, escrito en turco, taducido por él al inglés y que ahora yo retraduzco al español:

Por qué estás llorando!
Tristes, delgadas lágrimas caen desde tus ojos sin cambiar su ruta
debido a la suavidad de tu rostro
Qué hermosa eres llorando
Sé que no son los ojos,
el alma llora,
Sé que las mujeres aman llorar
Pero cómo es hermoso,
pero cómo es duro
Pero no puedo entender
Por qué estás llorando?

18 feb. 2009

leer

Estos laberintos de libros que nunca leeré porque se me va la vista por la ventana - contando los pisos del edificio del frente, tratando de adivinar qué pasará detrás de sus cristales-, porque me levanto tarde y pierdo, sí, siempre pierdo el tiempo, pierdo la tarjeta del metro card por quedarme dormida en el tren E de noche, y despierto en el vagón que una decena de homeless habían elegido su dormitorio (debería decir habíamos), se me pierde la bolsa con las compras en el super, una muñequita de sirena en mi cuarto, y hasta la costumbre de anotar mis vivencia reales o imaginarias en este sitio, y en vez de leer en la biblioteca se me caen las lágrimas porque sí, simplemente porque no siento energía para inaugurar este día de ninguna otra forma. Y así dejo un reguerito en el piso para encontrar la salida o que alguien me encuentre si me termino perdiendo.

7 feb. 2009

Ars poética

Atrapada en la no ficción, buscando sus leyes, su lógica interna. ¿Cómo tensar más sin falsearla? Siéndole fiel. 

Shrine

Podría ser un pez globo de frente, con ojos. Hombres negros, mujeres blancas, lugar de ligue. El tiempo se va, el tiempo irremediablemente se va. African music. Podría ser un sol con distintas aureolas de luz, ciclos, circunferencias. Los hombres vienen, te agarran, son bruscos Podría ser una flor con sus pistilos. Una incisión, una hendidura. Reggae. Los hombres estiran sus manazas. Las chicas caen embaucadas. Podría ser una vagina. Podría ser todas esas cosas a la vez 

(Harlem, octubre 2008)