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12 may. 2005

escaleras

De vuelta momentáneamente en el viejo edificio, 321 Broadway, la falda corta deja ver las piernas algo gruesas pero torneadas, envueltas en encaje negro, uñas rojas rodeando las rodillas, escote pronunciado. Sentada en la escala del 2º piso, sola, la mujer siente el impacto del lugar donde escribió las últimas 50 páginas o más, acaba de llamar a P, quien desapareció en su cuarto entre el tumulto de la fiesta. “Estás solo?” Sí. “Estás bien?” Sí. “Quería saber si estabas bien”. Sí, me estoy tomando un break. “Quieres salir?” Sí, en dos minutos salgo. La espera en los escalones se prolonga, las piernas algo gruesas envueltas en encaje negro, tiemblan levemente.

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