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14 may. 2005

virtual


en la sala del poeta, termino de escribir los apuntes sobre la fiesta de ayer, llega la pipa de marihuana, sigo escribiendo, alguien observa de soslayo la palabra masturbación, un hombre y una mujer cuentan de cómo se conocieron por internet, se ven bellos y felices, me pregunto por qué dos personas así tuvieron que poner sus nombres en una lista de chat y ofrecerse en la red, para hacer posible un encuentro. te venden una fantasía, un cuento que vendría a reemplazar el relato fragmentario y roto de los días nuestros, zigzagueante y ambiguo como los propios pasos. porque tal vez en Internet uno podría poner características aisladas -componentes químicos- que mezcladas tendrían que dar como resultado al hombre o mujer deseados. como si un color de piel, un olor, un gesto, no fueran asociadas sólo a una voz, a una forma de articular o desarticular las palabras. una manera de moverse no estuviera ligada a esa particular gramática personal que enredamos con la del otro, como un juego brutal y absurdo, más destinado a perdernos que a provocar el encuentro, a perturbarnos en lugar de darnos paz, a exigir abismos en lugar de lagos calmos. porque no soportaríamos la detención, el congelamiento. porque nos enamoramos del vértigo.
El poeta recita algo en que repite la palabra sudaca y canta, luego lo va traduciendo para el chico que María la madrileña encontró en Internet. Se ven felices y bellos. Ahora discuten con el poeta en una mezcla de inglés y español insultándose por quién habla mejor la lengua del Padre. Novela negra, es lo que debieras escribir, sugiere el amigo del poeta, con un vaso en la mano, a la orilla del computador. No me describas tanto, ordena. Falta un crimen.

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