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6 jun. 2005

grado cero

por la ventana los espasmos de la ciudad, que se derrama en aguacero. la escritora ha decidido cortar por lo sano, liberarse de todo, empezar una vida nueva, si es que ya no la viene empezando hace rato, al menos una nueva etapa de esa nueva nueva vida. se corta el cabello, una vez más, sin conseguir ese cambio radical que busca, y que al parecer en su caso, sólo puede darse de a poco. las fuerzas contradictorias en ella, el equilibrio y el desequilibrio. sólo que las consecuencias de la segunda conseguían sacarla de circulación, alterarle el mapa completamente, tanto, que había que comenzar un nuevo capítulo del libro, el último, se prometía a sí misma. cerrar -o intentar al menos- los círculos; si eso no era posible, empezar uno nuevo, trazarlo en un baile más desquiciado y certero que todos los anteriores, sobria, para siempre sobria, porque la última borrachera la había enfrentado a la vulnerabilidad del propio cuerpo algo estropeado. había que cuidarse, quererse, inventar nuevas y mejores estrategias de supervivencia, nuevas formas de narrar, nueva voz, nuevos ojos, nueva piel. porque aunque se enfermara en el camino, escribía para sanar y ése era el proceso, no el contrario. los espasmos de la ciudad confirmando la agitación interna. se sentía como la zona cero; no quedaba otra que construir un nuevo edificio. el anterior se había venido a pique.

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