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22 may. 2006

U.C.I.

le digo despacito al oído que nunca lo olvidaré, que el caballo Alazán que tenía cuando niño en Paillaco lo espera, que quién me llamara ahora mi pequeña niña, derramo una lágrima sobre su mano hinchada, el respirador artificial apenas permite darle un beso en la mejilla, decirle adiós.

2 comentarios:

nicolececilia dijo...

ay abuelo. qué difícil es esa despedida. lo siento amiga. para mí esa muerte ha sido una pérdida desoladora e irremediable, como los ritos esos de crecimiento. un abrazo fuerte.

LA MOMIA ROJA dijo...

te llamé hoy y no te encontré...supuse que algo pasaba,abrazos.