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17 jun. 2006

stella díaz varín

los poetas no oficiales mueren pobres, sin jubilación ni isapre, pero tienen al menos un lugar en que los velan, con flores de verdad y en el que son homenajeados como se lo merecen (a veces alguno de los asistentes se adueña de sus despojos reconocidos en forma tardía como piedras preciosas, pero ese es caldo de otro guiso). volví a pisar la SECH sólo para despedirla, aunque ella tal vez ni se enterara que la conocí y la ayudé a subir a una tarima en una de las primeras ferias de la cultura. la parte dedicada a la literatura, era eso, una tarima, donde fulano, mengano y zutano podían subirse a leer patrañas. Stella llevaba ese día el taco de su zapato quebrado, pero eso no fue impedimento; lo único que quería era leer, la ayudamos a subir, pese a la oposición de algunos pedrojuanydiego. su voz aguardentosa los enmudeció de inmediato, creo que fue la única poeta que leyó ese día en la feria populista.
acudí a la sociedad de escritores de chile de incógnita, a lo que ayudó mi cabello corto, vi una vez más los rostros de tanto poeta muerto en blanco y negro, la Mistral reinando en el recinto. alguien dijo Stella, estrella, extragaláctica y una sarta de palabras que se dicen en los ritos funestos; una voz más inteligente que las otras -femenina por cierto- dijo que la poeta fue la Mistral oscura, algo así como su reverso. "la vieja murió con las botas puestas", susurró a mi oído una amiga que era su vecina, y a la que solía pedirle de vez en cuando un pucho, "la última vez la vi tomándose un copete en el parque", recordó.
extrañamenta la antigua casona me pareció más viva que en otras ocasiones en que semejaba un mausoleo de las bellas letras. habrá sido por tanta gente leyendo versos de Los dones previsibles, o por las palabras sin tanto bombo ni platillo, sentidas, reales, o por la ausencia de la farándula literaria -que se agradece, aunque por ahí deambulaba algo extraviada A. Costamagna- y la presencia de tanto poeta joven que solía sentarse con Stella a compartir versos, vino y puchos en un banco del parque en la villa Los Jardines, el salón en que los recibía. al salir uno de ellos alcanzó a reconocerme.

1 comentario:

Felipe A. Viveros I. dijo...

Gracias por las palabras dedicadas a Stella.

Se que las agradeceria en lo mas profundo...

Yo tambien las agradezco, Stella fue mi abuela.

Gracias por perpetuar los valores de ella.