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30 may. 2006

anotaciones

lo más importante de todo es que, al parecer, el libro no ha terminado.

28 may. 2006

ritos funestos

la corbata roja anudada a su cuello que nunca aceptó amarras.
en la iglesia sólo pensaba en su risa desenfadada, en su humor negro, el mismo con el que preguntó si el pasillo del hospital por el que transitábamos hacia la sala de operaciones era el túnel de la muerte, el mismo con que nos cantó las últimas canciones de su repertorio en el ascensor rumbo al pabellón; pensé en su risa y por eso no importó que el sacerdote apenas lo mencionara, ni dijera nada de sus 91 años de vida, de su paso por el campo de concentración en Chacabuco al que llegué a visitarlo en brazos de mi madre -hazaña con que me lo gané para siempre sin tener arte ni parte-, del tren que tomó en el pueblo sureño con un boleto en el bolsillo y la instrucción de no perderse para venir a la capital como estudiante pobre y esforzado del internado Barros Arana primero, de la escuela de ingeniería de la Universidad de Chile después, de sus flirteos con los números primos, de sus estudios sobre aguas subterráneas, de su suerte envidiable que lo llevó a ganar la polla y que aún alcanzaba para obtener premios más módicos como los billetes pegados en el cajero -la misma suerte que le pedí heredar-, de sus amigos bohemios escritores, científicos y artistas, de su pasión por el Quijote, Las mil y una noches, por el vino tinto, Bach y la música clásica que aprendió a leer y a tocar en flauta traversa, y que nunca escuché porque mi héroe de infancia había perdido los dientes y ya no podía interpretar sus melodías favoritas, sólo esucharlas incansablamente y a todo volumen; sí, seguro él se hubiera reído de ese ritual insulso y tan ajeno, él, que no creía pero a veces un poco, influido por mi abuela y por la manda que le dejó encargada antes de morir, entonces tenía que llegar cada jueves hasta el centro de Santiago y prender velas a la virgen de Pompeya, la misma a la que yo igualmente pagana le pedí por su salud un jueves cuando ya era tarde y un mundo comenzaba a desvanecerse para mí, el de las historias que anoté en un cuadernito verde, de personajes excéntricos como la tía Doralisa que había heredado una fábrica de pasteles y llegó a pesar mucho más de 100 kilos por comérselos todos y ya no cabía en ningún coche tirado por caballos, entonces debía desplazarse caminando con una empleada que le llevaba una silla para que parara a descansar, el de su amigo Marcialito ahogado en el río Llollelhue donde era tan grato nadar, el del Chalila compañero de primaria, estudiante aventajado y pobre al que mi abuelo envidiaba por andar descalzo y trató de imitarlo pero le dolieron los pies, el de su abuela Carolina Smith que le dio el toque inglés a su familia. historias que prometo contar después como quien entrega un tesoro.

22 may. 2006

U.C.I.

le digo despacito al oído que nunca lo olvidaré, que el caballo Alazán que tenía cuando niño en Paillaco lo espera, que quién me llamara ahora mi pequeña niña, derramo una lágrima sobre su mano hinchada, el respirador artificial apenas permite darle un beso en la mejilla, decirle adiós.

17 may. 2006

silogismos

que a final de mes las visitas -1.822 en casi cinco meses- superen la cantidad de pesos gastados duranté mi estadía en el país -1.850 dólares en casi seis meses.

alguien me suma
yo falto

señal

lágrimas sobre el piso del baño al interior de la sala común en el hospital en que internamos al abuelo.

15 may. 2006

como en un relato de Bowles

sueño que cruzo la frontera norteamericana, mi pasaporte presenta problemas pero no lo notan. subo al tren, viajo cómodamente sin pagar. el equipaje es abultado, con él desciendo en una ciudad desconocida y la felicidad de saberme lanzada al azar. aún así despierto sudando.

7 may. 2006

parir

una amiga francesa tenía un problema con el verbo parar, conduciendo rumbo a España solía preguntarnos, ¿parimos aquí?
por estos días cualquier plan se desarma, decido parar. Respirar profundo, olvidar la neurosis, la plata, el viaje, las aprensiones respecto a la casa de mis viejos donde hace rato no debería vivir, relajar los músculos, palpar mi panza. Es el mes número 9, el cuerpo pide expulsar el manuscrito, darlo a luz.


3 may. 2006

Re: 55 días después

De:
"Malinalli Alcázar"


Mera suposición.
Si tu destino está del otro lado rompe el espejo
Si tu destino está de este lado volverás
y habrá desaparecido una barrera.

Alina Reyes <reyesalina@yahoo.com> wrote
Subject: Re: hospitales
Date: Wed, 8 Mar 2006 16:42:06 -0600 (CST)


sí, ya me había llegado, pero cómo es eso de que te fracturaron la
nariz?
revisando nuestra correspondencia me doy cuenta que cometí un error: los hechos del virreyes no ocurrieron en marzo del 2004, sino en febrero.
eso es por el momento

te mando una anotación

MIEDO DE MIRARME DEL OTRO LADO DEL ESPEJO
Y QUEDAR AHÍ

2 may. 2006

fireland

hago lo que puedo por convertirme en reportera de aventuras, de pronto descubro que han pasado casi cinco meses y no he ordenado mis libros ni arreglé el aparato para escuchar música, mis reacciones son lentas y suelo quedar en silencio largo rato pensando en el manuscrito que aún sigo sin imprimir, en las salidas nocturnas que a ratos evito, en la soledad que busco; hago lo que puedo y me vuelvo nómada, mis asentamientos son temporales, las pertenencias se dispersan al igual que los textos, una por aquí otra por allá, la lista de objetos perdidos es larga, las posesiones son efímeras, las palabras se mastican largo en la boca y al escupirse rara vez se pronuncian como deberían, el cuerpo se ensancha con la comida casera, con la incertidumbre cotidiana, pero me rebelo y trato de moldearlo a fuerza de una disciplina inventada, cuatro pasos pa delante dos pa atrás, las fotos que tomo se borronean, las anotaciones sufren el mismo destino de las cosas, en un cuaderno, en otro; la lista de amigos sin llamar también es larga, pero no puedo evitarlo, es mi naturaleza perder el tiempo, dejarlo ir en proyectos inútiles como tomar un barco por el que jamás podría pagar y cruzar tierra del fuego hasta el cabo de hornos sólo para observar a través de la ventana el cielo, las nubes, el mar, las huellas.

ya no arden sus fogatas ni se divisan las canoas en que solían desplazarse. quedan las conchas que no arrojaban al mar por no atraer malos augurios, acumuladas en la orilla de Wulaia, bahía bonita en lengua yámana, un lenguaje que ya no se pronuncia. el cuadrado en la tierra donde alguna vez levantaron viviendas transitorias que armaban y desarmaban antes de embarcarse otra vez por los canales e islas. a veces pintaban sus rostros en señal de duelo, matrimonio o iniciación. rosa yagán fue la última iniciada de su raza, después se fueron apagando una a una las efímeras fogatas. yo pisé sobre sus huellas tan frágiles como las mías.